Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 21 de octubre de 2020
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Desde Tiquipaya, una carta a mi Llajta

Desde Tiquipaya, una carta a mi Llajta

Te celebro Llajta querida, pues mañana 14 de septiembre cumples 210 años que recuerda aquel levantamiento contra las autoridades del Virreinato del Río de la Plata. Me reconozco en tus luchas para lograr mejores días. Esta tierra de quechuas que históricamente demostró valentía, fue la primera en rebelarse. Ahora amada Llajta, proteges a pobladores que tienen como cuidante el Apu Tunari, territorio que acoge a miles de migrantes y te convierte en una morada, ojalá generosa para todos los que te eligieron, y de esa manera forjas también una identidad cultural de encuentro entre costumbres, creencias y formas de ser. Sé que tu nombre Qhocha es palabra quechua, siendo una forma de designar genéricamente cualquier estancamiento o almacenamiento de agua debido a la abundante lluvia. Así, antiguamente, el agua se detenía en los maizales que cubrían este valle bendito. También dicen que se estancaba en los frondosos chilijchi que son los ceibos y de los cuales, de la flor, se prepara deliciosa comida. La gente expresaba: “Por ese lugar, un poco más abajo de donde está el chilijchi, vamos a estancar el agua para que los patos puedan nadar”. Otros decían: “hasta el chillchi hace estancar el agua”. Y muchos encandilados se chunkeaban bajo el frondoso árbol. El otro vocablo es pampa, seguramente apropiada del español.

Es que tu historia es hermosa y no la revalorizamos para llegar al corazón de los habitantes y estantes de este hermoso valle. Se cree que conocer nuestra historia es buscar en internet y hacer copia pegar sin mirar el pasado narrado desde la sabiduría de los abuelos. Cuánta falta hace saber nuestra historia, cosmovisión, alegrías, placeres y desplaceres. Y, por supuesto, hay que conocer las acciones inescrupulosas y ávidas de egoísmo que están llevando al deterioro de tu colorida pampa, otrora llena de agua.

Como hija tuya, ¿cómo podría honrarte? Sería propicio que los qhochalas cambiemos de actitud. Una actitud amorosa con su tierra. Amarte no es comer en abundancia y creer que el folclore citadino y la comida es lo único que nos representa. No Llajta amada, yo sé que sufres, por eso nos devuelves tu aflicción con sequía y demasiado calor. Ahora mismo esperamos lluvia. Recuerdo de chica los desfiles en tu honor y las copiosas lluvias; en una ocasión llegaron a caballo los cadetes del Colegio Militar de La Paz y llovió tanto (risa) que salimos en estampida junto con los señoritos cadetes.

También recuerdo las advertencias que diste. Dijiste que al pie del Tunari habían muchas quebradas, que al bajar son caudalosas torrenteras y que hace cientos de años limpiaban los canales de riego para esperar lluvia. Al respecto, con la expansión de la mancha urbana, hacia 1958 llegó el agua e inundó Queru Queru, motivo por el que se creó el Parque Tunari, por cierto, una respuesta inteligente; además para controlar el riesgo geológico de avalanchas y deslizamientos de piedras y lodo sobre nuevas áreas urbanas. ¿Y ahora? Lo siento, hay mucha politiquería y corrupción.

Pese al tiempo mamay, no olvido que tus entrañas tiemblan a diario, precisamente en los cauces al pie del Apu Tunari. ¿Qué te puedo ofrecer sino es congoja y desilusión? Q´oata ruay, te respeto y te celebro. Cariñosamente, una paceña llajtamasi.