Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
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Shock en la pandemia

Shock en la pandemia
“Esperar a que se produzca una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para lograr que las reformas sean permanentes”.
Naomi Klein en “La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre” (2007) postula que las experiencias traumáticas en el mundo, de los últimos 30 años, han sido aprovechadas para instaurar el “capitalismo del desastre”. Una crítica de la teoría desarrollada por el economista Milton Friedman, padre la Escuela de Chicago, cuyo objetivo es desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover el modelo de Desarrollo Neoliberal.
Klein explica que esta ideología impopular, solo puede imponerse mediante la tortura y represión, y que básicamente la idea central es aprovechar crisis; desastres naturales; guerras y la necesidad de un peligroso enemigo, para preparar el terreno y quebrar la voluntad de sociedades, que, alcanzado el shock, renuncian a valores, dando paso al saqueo de los intereses públicos y la implantación de reformas en beneficio de grandes corporaciones, lo que se atreven a llamar “Libre Mercado”.
Según Klein, el “capitalismo del desastre” postula que detrás de una tragedia hay una oportunidad, en la que se aprovecha del trauma colectivo para implementar reformas económicas y sociales de carácter radical, eliminando el rol público del Estado, la libertad de movimiento de la empresa privada y un gasto social nulo.
La “doctrina del shock” ha sido aprovechada en diferentes lugares y periodos históricos en el mundo, como el papel desestabilizador de Estados Unidos en el gobierno de Allende; de las experiencias de shock implementadas bajo los gobiernos de Thatcher y Reagan durante los ochenta; o en Irak tras la invasión en el 2003, escenario propicio en términos económicos para empresas que se adjudicaron concesiones bajo el proceso de reconstrucción de dicho país. Además, permite comprender el proceso histórico de formación de una nueva clase dirigente “neoconservadora”, sus postulados ideológicos y las estrategias de expansión en diferentes esferas. (Klein, 2007).
A todo esto, bajo la doctrina del shock, la condición que atravesamos pasa por la desinformación del Estado. Las respuestas son patéticas y amenazadoras. Medidas coercitivas que no se dejan esperar. La corrupción en altas esferas está a flor de piel. El país que se endeuda hasta la innombrable generación. Nombramientos de autoridades sin respetar el mandato constitucional. Decretos que modifican genéticamente la vida, irrespetan expresiones y derechos humanos.
Por otra parte, banderas blancas de hambre que se enfrentan al virus con bloqueos. Políticos aprovechando el pánico y seguidores en las redes sacándose la madre en la frágil memoria, todos creen que poseen la verdad. Clases virtuales sin señal. Incendios en Tierras Bajas. Reclusos amotinados muriendo de miedo por el invisible. Personas que mueren en puertas de hospitales. Los médicos amarrados de pies y manos sin poder llevar a cabo el juramento hipocrático, no hay insumos, les dicen.
Así, debemos crear otra normalidad que no sea la de crisis. Este shock en la pandemia, no puede hipotecarnos a la vida transgénica.