Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:16

Sentir y vivir en miedo

Sentir y vivir en miedo

El miedo a la muerte te vuelve vulnerable. ¿Miedo a la muerte? Lo único que está claro es que vamos a morir, pero el que muere… ¿nunca lo sabrá?

Todas las personas de 60 para arriba aspiramos, al igual que otros grupos de edad, a un estado de bienestar desde la perspectiva y cultura que cada uno posee. El bienestar para unos, puede ser diferente para otros. Algunos o también los otros, con certeza aspiran a descansar, viajar, leer, a escuchar música, a dormir, a estar rodeado de muchos nietos, o finalmente, los que no perciben jubilación, a no sacarse el impuesto trabajando para sobrevivir en un lugar agreste. Sin embargo, algo une es el sentimiento común de exclusión, porque se vive en sociedades occidentales donde los mayores son ninguneados.

No es casual que las ciencias sociales al abordar el tema de la vejez definan - para indagar acerca de las condiciones de las personas mayores - los conceptos de pobreza, marginación, exclusión, dependencia, desigualdad y, sobre todo, vulnerabilidad. Y las más de las veces los conceptos de desigualdad, dependencia y vulnerabilidad, son los que mejor describen la situación y condiciones de los viejos en América Latina.

El miedo a la muerte te vuelve vulnerable. ¿Miedo a la muerte? Lo único que está claro es que vamos a morir… El ser humano es un puente. Es un ser que está mutando permanentemente. Nuestro futuro es la muerte. Gran verdad.

Hablando entre mayores, ellos no le temen a la muerte, pero sí la mayoría teme la forma en que vayan a morir. El estar solos, sin el afecto de la familia o abandonados, o tal como se está diseñando ahora, sin que nadie toque el cuerpo, sin realizar los rituales de limpieza, sin dar el último beso a la materia y “despedirse de lejos, llorando desconsoladamente y levantando solo la mano para decir adiós”.

Y la dependencia es otro componente de la vulnerabilidad, aquella que condiciona al miedo. Este concepto poderoso que sirve para analizar el bienestar social de los viejos; la dependencia de los hijos, del Estado, de aquella sociedad a la cual se brindó los mejores días, para que al final recluyan a los viejos. Unos dicen que estarán mejor, otros, no tienen tiempo de sostener un vínculo cariñoso.

Con todo, ahora es cuando hay la posibilidad de brindarles apoyo, amor y decirles cuánto los quieren, cuánto hacen falta sus conversas, sus risas, sus repeticiones de cuentos o anécdotas. Alguien dijo: “esta es la oportunidad de mirarnos a nosotros mismos y de darnos cuenta de lo valioso que es estar con las personas que has elegido”. Lo que estamos viviendo (ahora) nos tiene que hacer reflexionar respecto a nuestra relación con el mundo.

Entonces, a los viejos los vuelve vulnerables, no el miedo a la muerte, sí el miedo a la soledad, a perder el amor, la atención o dedicación afectuosa. ¿Miedo a la muerte? Lo único que está claro, es que estamos de paso.  

Finalmente, solo decir que es importante dar una mirada a la dependencia estructurada, pues desde ella, los problemas de envejecimiento se sitúan en relación directa con la estructura social. De forma que, es posible que la dependencia, que es socialmente creada, haga que sean cada vez más vulnerables y sin autoestima, porque la sociedad se encarga de relegar a espacios no vitales.