Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 01:59

Quédate en casa sin pánico

Quédate en casa sin pánico

Sabemos que algún momento el contagio será ineludible. Que vivir encerrados a medias, nos librará a medias. Venimos escuchando testimonios de gente de España e Italia. Se conoce que en Estados Unidos están aumentando los casos alarmantemente. Las redes sociales están inundadas de noticias, vídeos, testimonios sobre el coronavirus y aún con todo ese bagaje de información y amenazas, hay gente que relativiza este asunto, no sabemos si es porque se creen bunkers antivirus, por falta de información o porque no les importa nada, porque quien no tiene nada, no teme nada.  

Lo cierto es que las perspectivas no son satisfactorias y en tal sentido debemos mirar con pausa y sobrellevar esta situación lo mejor que podamos. Quienes estamos colgados todo el tiempo en las redes sociales, tratemos de hacer un lugar no agresivo, faltando el respeto al pensamiento o la forma de ser del otro, dejando de insultar o provocar desde una perspectiva etnocéntrica. Es suficiente el encierro y aún no sabemos de aquí a dos o tres semanas cuáles serán las condiciones mentales por las cuales pasemos. El futuro inmediato está inseguro, porque no sabemos si seguiremos viviendo de acuerdo a nuestra organización funcional. 

Comentan que en Italia las dos primeras semanas de encierro fueron muy duras; las siguientes fueron aún más, porque aumentó la depresión. Mi lectura es que el virus de la depresión trabaja a través de las noticias y de las redes sociales. Será importante que hagamos del espacio virtual un lugar de racionalidad, información veraz y resistencia frente al temor a lo desconocido y al odio que acompaña el temor. De hecho, no es obligatorio que la red se convierta en un lugar de chistes fáciles o de mensajes sarcásticos. Asimismo, quienes están con niños están viviendo una tensión acumulada, mucho cuidado con aquello.

Con todo, esta situación nos lleva a reflexionar, cómo estarían las cosas si la población vulnerable fueran los niños. Esta pregunta la estuve haciendo y las reacciones fueron descorazonadas. Claro, estamos en situaciones de sobrevivencia y seguramente los viejos ya hemos cumplido nuestra misión, entonces la solidaridad pareciera que bajara de temperatura. Y no es que me queje de mi viejitud, tal vez es una llamada sutil de atención para cuestionarnos hacia dónde nos dirigimos como seres humanos. 

Esta situación nos conduce a una marginalidad. Pareciera que el hombre por naturaleza se colgaría del modelo de supervivencia del más fuerte. Los que ya cumplieron su misión están penados de ser recluidos; los sin techo, no pueden cumplir la cuarentena; los que viven al día vendiendo pastillas, sin venderlas.   

Es evidente que nuestro futuro es la disposición a cambiar las condiciones de vida, las amistades, los afectos, las prácticas religiosas, todo por el miedo a caer enfermos. Y es que el único elemento que nos une como seres humanos es el miedo, aquel que nos enceguece y nos convierte en compradores compulsivos de higiénico. Aquel miedo que nos hace mantener una distancia física con el otro y que nos priva de abrazarnos y alimentar nuestra alma. 

Estamos en situación de guerra frente a un enemigo invisible que está conectado con la economía mundial. Estamos aislados pero tenemos que actuar unidos y reorganizados.