Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 03 de agosto de 2021
  • Actualizado 16:58

La pesadilla de Luifer…

La pesadilla de Luifer…

Es originaria de la Nación Kallawaya, provincia Bautista Saavedra del departamento de La Paz. Ha sido Concejal del municipio de Charazani; Secretaria de la Federación de mujeres Bartolina Sisa; Directora Administrativa de la institución Aynikusun CEA; educadora en Sedeges y diputada uninominal Circunscripción 3 (suplente).

Charazani, descendientes tiwanakotas y quechuizados por el imperio Inca. Su lengua originaria fue el machchaj-juyai, parecida al puquina de los Uru, con raíces lingüísticas vinculadas entre ambas lenguas. En la actualidad, los médicos fitoterapeutas kallawaya hablan esta lengua secreta en rituales de curación. Los pobladores de Charazani, ciertamente son trilingües: quechua, castellano, y por ser una lengua de contacto, también hablan aymara.

Probablemente, la irreverencia de la señora Patty Mullisaca sea cuestionar a los intocables desde su espacio de mujer indígena, supuestamente analfabeta porque no pronuncia bien el castellano; pero, la neurociencia marca la importancia del aprendizaje de varias lenguas para el cerebro humano. Lidia es trilingüe.

Pero veamos, molesta su indumentaria con cucharas de plata en su awayu, le dicen disfrazada, seguramente tendría que vestirse de esa manera en entradas folclóricas. Para vuestro conocimiento, las personas del área rural se visten con indumentaria festiva para realizar actos políticamente importantes y protocolares. Otras personas creen que las indígenas con traje típico (entre comillas) que hacen quedar bien al país internacionalmente, son las cholitas escaladoras o las luchadoras; cuando hay mujeres cholas que venden verduras en el suelo y solamente son caseritas útilmente reconocidas, porque les dan su yapita.

La tratan de ignorante y nadie sabe cuánto se esforzó esta mujer de 52 años, para lograr el reconocimiento de su gente y representarlos. Solo recuerden a Remedios; tendrá que pasar mucho tiempo para que Lidia sea reconocida. ¿O tal vez nunca? claro, no es chola paceña elegante, con traje de herencia colonial.    

Le dicen asna chaqui, expresión con la que se designa a la persona que le huelen mal los pies. ¿Por qué? la respuesta encontrada es recordarle el pongueaje, su pasado de sirvienta, de mitaya, de servil al patrón, de hablar con los citadinos agachando la cabeza. Y entonces pienso en el racismo enquistado en la médula de estas personas que se persignan cada instante.

Comentarios van y vienen y no cesa la hostilidad sobre el nivel de ignorancia. ¡Caramba la igualada esta! quedamos mal como país, deben creer que todos somos así. Le piden tolerancia, cuando en los comentarios hay intolerancia manifiesta y enferma de racismo. Otros, le aconsejan que retorne a su pueblo a cuidar ovejas, lo que seguramente hará con el mayor gusto cuando termine lo que se propuso. Estar en relación con la naturaleza es el toque del humanismo; leer la naturaleza, es el toque de la sabiduría.

Los negacionistas dicen que en Bolivia no hay racismo, ignaros disfrazados, solo es habitus moderno. Lo que hay, es rencor a la mujer rural ninguneada, que fue sirvienta y que se atreve a levantar su cara frente al facismachismo. Lidia se enfrenta a todos, no necesita que hablen por ella. Apuesto a los negacionistas de la discriminación, ciudadanos monolingües.   

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente universitaria

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