Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:55

Mujeres irreverentes

Mujeres irreverentes

Crecimos en una lógica androcéntrica, donde el paradigma es la dominación masculina que tiene siglos de vigencia. Esta forma de ser, lastimosamente, delata ignorancia, indolencia y cinismo, lo cual desemboca irreparablemente en actitudes misóginas. Sin embargo y pese a todo y gracias a los movimientos feministas, en los últimos años, debemos reconocer que se ha avanzado enormemente en tomar conciencia respecto a la violencia que se ejerce en contra de la mujer. 

En todo caso, vivimos en estado feminicida, en consecuencia en estado de alerta roja, porque este paradigma, de dominio del otro, tiene una raíz muy profunda que tiene que ver con lo existencial y social, donde grupos de personas u hordas, se alimentan de valoraciones y juicios; aquellos personajes que dan las coordenadas para dominar, creando machos (hombres y mujeres) para perpetrar hechos ensimismados en mera violencia. Violencia psicológica, física, social, económica y política, tanto en el plano material como en el simbólico.  

En este embrollo sociopolítico y cultural, Pierre Bourdieu llamó “paradoja de la doxa”, a una noción que se refiere al proceso de transformación de la historia en naturaleza, de la arbitrariedad cultural en natural”. Eso quiere decir, una inversión del vínculo entre las causas y los efectos, lo que significa que cualquier construcción socio-cultural, termina siendo naturalizada. En otras palabras, que es la propia sociedad que desarrolla los medios para que el Estado representado por la familia, la legislación, la escuela, la iglesia, formen parte de la disolución de las huellas que delatan la construcción social e histórica del dominio y de la violencia hacia la mujer.  

“La paradoja de la doxa” (una opinión de la realidad, que no brinda certeza absoluta, pero que se asume verdadera). Entonces, desde esta perspectiva, muchas denuncias dejan de tener la fuerza que debiera, porque la dominación masculina ha establecido cierta forma de ser, de mirar y de estar en el mundo, vale decir, es la filosofía de vida de una sociedad machista internalizada en todos los estratos de la mentada colectividad. Tan es así que las mismas mujeres violentadas o familiares de las mismas, asumen tal dominación, incluso llegan a justificar y abordar el carro de la violencia sistemática e invisibilizada. 

En este contexto, la postura androcéntrica se la llega a considerar coherente, neutra, en la cual las feministas... ¡cuidado protestemos agraviando la estética o el orden político! porque nos tildan de feminazis. ¡Cuán equivocados están!

Nietzsche se pregunta ¿“Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades”? Y responde: “solamente mediante el olvido el hombre se imagina que está en posesión de una verdad”. Lo cito al pensador alemán porque creo que hay varios lenguajes que deben ser escuchados constantemente para no olvidarlos, uno de ellos, es el lenguaje de la rebeldía, de la irreverencia y desorden del orden. 

¡Quien dijo que las feministas perdieron el norte! Les recuerdo que en la actualidad es un movimiento mundial sin fronteras. Eso nos hace pensar que está cambiando la vida de muchas sociedades. La gota labra la piedra y labrará la hipocresía del patriarcado. Una verdadera revolución sin juzgamientos solo por nacer mujer.