Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:30

Los marginados y los parásitos

Los marginados y los parásitos

Sabemos que la cultura es un todo complejo de manifestaciones del ser, de formas de organización socio políticas, de creencias, rituales. De ser así, no se debería señalar que existe cultura de tal o cual, cultura de la pobreza, del machismo, o ¿serán estrategias para sobrevivir o parapetarse en dicha condición? El antropólogo Oscar Lewis llamó “cultura de la pobreza” mientras describía los problemas de los barrios de ciudades de México, Nueva York y Lima.  

El común de las personas cree que pobreza es sinónimo de privación, de falta de posibilidades para obtener una calidad de vida que brinde salud, alimentación, educación y vivienda. Asimismo que todos los pobres del mundo, tienen los mismos requerimientos y carencias. 

Sin embargo, las necesidades sentidas y manifiestas son diferentes en contextos urbanos, periurbanos y rurales, y aún más en otras latitudes y mundos culturales. 

Desde la óptica del no pobre, la pobreza pareciera universal porque las ciencias sociales nos dicen que el pobre vive en hacinamiento y que no cuenta con atención de los servicios; que vive acorralado en pésimas construcciones, sin alcantarillado, con pésima iluminación en las calles y alto índice de inseguridad; esto sumido a los pocos recursos económicos y pérdida de territorialidad ocasionada por la migración obligada de los que ocupan aquellos espacios. 

Pese a todo, hay distintivos en lo que respecta a la forma de vida que no es solamente carencia, sino también valores positivos como el predominio de la familia nuclear; el ejercicio del matriarcado extendido; o que personas mayores transmitan el conocimiento antiguo; que las uniones matrimoniales son libres, siendo la iniciación sexual de los jóvenes a muy temprana edad; y los problemas que no dejan de ser de corte estructural como la violencia entre esposos extendiéndose hacia los hijos debido al autoritarismo paterno y la ausencia de comunicación. 

Respecto a los ingresos económicos, es una lucha de nunca acabar, pues los salarios son bajos; el empleo no es calificado; otros, son jornaleros y viven al día; no tienen buena alimentación ni posibilidades de préstamos bancarios y si acceden a dicho préstamo, es de usureros y con altas tasas de interés. 

También, las condiciones socioculturales son deprimentes, la mayoría no tiene planes para el futuro. ¿Qué futuro? señalan, porque tienen un sentimiento de conformismo.

Creen en el machismo y en la sumisión de la mujer. Viven esperando alguna fiesta religiosa popular donde realizan grandes esfuerzos para asistir. 

Tienen vida comunitaria en su barrio aún y a pesar de que viven un fuerte sentido de abandono y de no pertenecer a nada. Muchos no conocen las zonas residenciales, sienten discriminación de la gente del lugar. Obligadamente, cuentan los abuelos, debido al minifundio migraron de sus pueblos. 

Con todo, existe una situación que es parte de la vida cotidiana y se la naturaliza de tal manera que, no se cae en cuenta que la violencia estructural carcome el ser. 

Ellos, los pobres, están convencidos que el Estado no responde a sus necesidades. Buscan mejorar sus condiciones de vida y se encuentran con la violencia que los despersonifica, los ningunea. Se sienten nadie en su propio país. ¿Hará falta ver una película de esta realidad?