Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:49

Lo que sube, baja

Lo que sube, baja

El efecto COVID está que arde a nivel sanitario, económico, cultural, turístico, deportivo y mental, distorsionando la realidad. Sin embargo, qué se puede esperar de quien cree que Einstein dijo: “lo que sube, baja”. Desde marzo estamos agobiados con los “plumazos”; por ello, con mi artículo honro a las culturas con una cita de Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.  

El poeta Horacio (65 a.C.) en su libro Odas aconseja a Leucone: “Carpe diem, quam minimim credula postero”. Traducido de varias formas dos de ellas dicen: “Aprovecha el día de hoy; confía lo menos posible en el mañana”, o “Aprovecha cada día, no te fíes del mañana”.

En la primera vemos algo sencillo para llegar al placer desordenado de la inmediatez, lo que implicaría no querer asumir responsabilidad con respecto a los caminos proyectados hacia el futuro. La segunda, abre otra línea interpretativa, porque interpela, exhortándonos a no perder el breve tiempo en el que transitamos por las contingencias del mundo real, soñando con promesas quiméricas transcendentales, ubicadas en el más allá. Lo que sugiere ser prudente en el afán por lograr adquirir sabiduría y activar las sensibilidades que nos permitan aprovechar al máximo el tiempo en que estando, somos.

Según Horacio, la única certeza de la que disponemos es la finitud de nuestra existencia. De ahí la necesidad de aprovechar cada minuto de vida para gozar de los placeres sensoriales e intelectuales que nuestro espíritu y corporeidad viabilizan. Pues, si bien nos resulta imposible saber con certeza qué nos traerá el futuro, ese reconocimiento no debe ser motivo de angustia y ansiedad, solo tenemos que vivir intensamente. Esencialmente, es librarnos de la incertidumbre que se apropia de nuestros pensamientos aprisionándonos en noches eternas, donde no se logra olvidar lo adverso para disfrutar del silencio y la quietud.

Por ahora, es muy temprano y ciertamente difícil deducir sobre los alcances político-sociales y afectivos que tendrán los efectos de esta pandemia. Si el mundo será mejor o peor; si la debacle le dará el golpe definitivo al capitalismo o si este logrará resurgir con un ímpetu y violencia dictatorial nunca antes visto, tal como lo pronostica uno que otro teórico del apocalipsis, o creen saber los profetas del desastre; eso dependerá si aprovechamos o no la obligada pausa para recargar energías, reactivar creatividades y, a su hora, afrontar sin miedo la fragilidad de nuestro existir y lanzarnos por nuevos caminos construidos por nosotros mismos.

Y para animarnos hay otra expresión, cuyo significado puede ser vinculado al Carpe diem de Horacio. Una frase originaria del idioma o lengua suajili, Hakuna matata, que significa “no hay problema”, frase utilizada en el este de África; aclarando que no se utiliza para disculparse o negar la existencia de calamidades, más bien para decir “todo está bien” o “no te preocupes, sé feliz”; de forma que no es erróneo alegar que ambos proverbios expresan un sentido o significado similar. No obstante, la sabiduría del Hakuna matata nos impulsa a asumir una actitud de firmeza existencial, para nada pasiva, frente a los infortunios diarios de la innecesaria y muy absurda transitoria.