Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
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¡Jallalla nuevo año andino!

¡Jallalla nuevo año andino!

Las creencias en relación con la naturaleza están alimentadas por la vida, algunas más emocionales que otras, que dan substancia a la cosmovisión o filosofía de los individuos. Sabemos que la cultura es un todo, donde las partes no son separables más que a efectos de estudio.

Es conocido que en el recorrido de la historia de la humanidad, el hombre siempre se ha relacionado con sus dioses a través de rituales, de manera que se puede considerar que las creencias se constituyen por los valores y normas propias de los seres humanos, tal como la magia o tal vez la superstición, eso dependiendo de las valoraciones que se aprecian o, desprecian desde miradas etnocéntricas. En todo caso, el ser humano se adapta a la vida natural y cultural, valiéndose de una infinita vida mental que es transferida a través de la permanente recreación cultural de los ancestros, lo que construye la historia de un pueblo o cultura.

Al respecto, es importante conocer las manifestaciones rituales de las culturas de nuestro país y el por qué se realizan. Cuando se habla del hombre o mujer de los Andes, se refiere no solo a una categoría étnica sino a aquel ser humano que se identifica con el ámbito espacial y cultural; con las creencias, rituales, formas de ser y de organización, y en ese tejido se impone como filosofía o cosmovisión una relación dialéctica con la ciclicidad del tiempo, con los fenómenos naturales, con el mundo agrario, la naturaleza, con el sol y los ciclos de la luna. Es por eso que en la cultura andina, durante el año, las celebraciones rituales son precisamente agrarias y de agradecimiento, ya sea en época de abundancia como el carnaval; la celebración de la Chakana en mayo; el nuevo año andino en junio; el cuidar a la madre tierra en agosto; o la llegada de las almas que generan vida porque traen lluvia.

En este contexto de ritualidades, podemos hablar del nuevo año andino. Es decir, el momento que el sol está retornando a la tierra, momento en el que comienzan todas las celebraciones de agradecimiento por la vida. No es casualidad que al mes de julio se lo conozca como Willkakuti phaxsi, el mes que el sol vuelve a la tierra. No está demás recordar que los pueblos antiguos tenían el pensamiento geocéntrico, es decir, es el sol que gira alrededor de la tierra. Asimismo, es bueno decir que todos los nombres de los meses están relacionados con la actividad agraria. Según el teólogo Estermann, “el calendario incaico se determinó por el curso del sol, de las fases lunares y la aparición de las Pléyades, pero sobre todo por el ciclo de siembras y cosechas”. De manera que el nuevo año agrario andino es una celebración muy antigua que marca el retorno del sol.

Como es natural y como sucede en la historia, los protagonistas no teorizan la auténtica dimensión de la relación mágica con la naturaleza, es más, la cultura aymara ha pasado por aculturaciones y en ese entendido emergen al escenario intelectuales aymaras que reivindican el nuevo año como una forma de rescatar una identidad, esta vez, a través de una postura política. De manera que no es correcta la apreciación al decir que esta celebración es invento de unos cuantos. En el nuevo año andino se reinicia el camino político y celebrativo del ciclo vital de la Pacha.  

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente universitaria 

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