Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de octubre de 2020
  • Actualizado 22:01

El ilustrado voto adjetivo

El ilustrado voto adjetivo

Desde el inicio del discurso proselitista en la coyuntura actual, moros y cristianos comenzaron a referirse al voto tal y cual para lograr adeptos, cuidándose del condimento identitario, como el de clase social o de adscripción étnica, pero haciendo énfasis en la proyección identitaria, como las aspiraciones políticas, reivindicaciones sociales o imaginarios de pseudo verdades. Esto pareciera claro, sin embargo, veamos porque el tema identidad o el imaginario creado, se ha tornado imprescindible en la vida política actual.

Sabemos que existe un sinfín de posibilidades, así como adjetivos al voto político, proceso aquel que duró como 40 años purificar las malas aguas. Pasamos de papeleta única a papeleta multicolor y multisigno, de manera que era muy difícil hacer fraude como nos acostumbró el MNR. Pero eso no quedó ahí. Recuerdo a la banda de los cuatro. Una banda, no de rock, sí de políticos, que tuvo la responsabilidad de llevar adelante el proceso electoral de 1989 y a quienes se los acusó de manipular actas electorales perjudicando al MNR y dando lugar a que Jaime Paz, el tercero en la votación, salga presidente con ayuda de Banzer. “(Hubo) anulación masiva de ánforas, alteración de resultados, arbitraria asignación parlamentaria. Las minorías fueron borradas. Fue uno de los momentos más bochornosos que vivió el país”, escribió Carlos Mesa. Pero vamos, y ahora cómo se prepara el terreno para no depender de banda alguna sublimizando el resultado.

Me explicaré: en el actual contexto sociopolítico, el tema identidad se convierte en un ícono del discurso cotidiano y por tal motivo emergen una plétora de expresiones que se proyectan en condiciones, cualidades o defectos de las personas. Surge el voto valiente, útil, inteligente, oculto, consciente, duro, y yo añado el voto memoria. Sea como fuere, detrás de este serial de votos se avizora con claridad, que solo existe como colchón identitario la clase social; la pertenencia o adscripción étnica; y, finalmente, lo que uno niega ser o desea ser, en otras palabras, el blanqueamiento cultural.

Quisiera ahora trazar cómo se construye un imaginario, que en nuestro caso está resultando mejor que la banda de los cuatro. Desde un tiempo atrás, se manejan dos categorías antagónicas: inteligentes/ignorantes; valientes/violentos; conscientes/bestias humanas; los bien/los salvajes. En una situación de “violencia democrática” por la que estamos pasando, yo pregunto quién es quién o con quién cada uno se identifica. Y esa puesta en escena se las dejo a ustedes, sin embargo, detrás de cada adjetivo calificativo negativo existe una connotación mediática y política de mucho alcance que niega categóricamente la humanidad del otro, vetando la capacidad para representar a la bolivianidad, llegando al extremo de prestidigitar, incluso por medios masivos como programas de televisión, una violencia sin límite e irracionalidades en el supuesto caso de que la tortilla se vuelque hacia los deshabitados.

Termino con palabras del filósofo Agambem: “Un país que decide renunciar a su propio rostro, cubrir con máscaras por todas partes los rostros de sus ciudadanos es, entonces, un país que ha cancelado de sí toda dimensión política”. Múltiples imaginarios, un solo rostro.

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS
MARÍA ESTHER MERCADO H.
Antropóloga y docente universitaria
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