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  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 02:17

La identidad imaginada

La identidad imaginada

Unos ven al otro como igual; se identifican con él y con los valores que representa. Contrariamente, hay quienes determinan su propia imagen y valores; ignoran la identidad del otro y buscan desestructurarlo. Si hablamos de confrontación o desigualdad, son precisamente en estos espacios donde germinan y se fortalecen las identidades, ya sea para consolidarlas o negarlas.

Lo mencionado es parte del proceso histórico en la línea del tiempo de los pueblos y de las culturas. En aquellos espacios de lucha donde se confrontan las distintas representaciones, las relaciones de poder que se desarrollan a través del imaginario marcan la discriminación y la exclusión. Tanto es así que, en las negociaciones donde hay relaciones asimétricas, solo los grupos que poseen mayor poder intentan establecer y consolidar una imagen de ellos frente a los otros.

En el contexto cotidiano, la palabra “imaginario” se la asocia con la ficción, el recuerdo, la ensoñación, las creencias, mitos y cuentos. Estas palabras suelen desacreditar respecto a las facultades y productos superiores de la razón, pues desde la Academia se la asocia con nociones pre-científicas, estereotipos, prejuicios sociales, lo que probablemente deriva en lo subjetivo, falso o fantasioso. Sin embargo, es importante señalar que ninguno de estos términos, nos remite a la imaginación como dimensión constitutiva del “ser” o al interior de una tradición de pensamiento simbólico.

¿Cómo se construye una identidad imaginada? Se debe señalar que la identidad de un grupo, puede ser construida por otro grupo, en base a cualquier imaginario que es bastante subjetivo, el mismo que es influenciado por distintas dimensiones como religiosas, étnicas, sociales o culturales. De hecho, los adjetivos prejuiciosos son fruto de estas subjetivaciones.

En esta perspectiva, el imaginario remite tanto al aspecto representativo y verbalizado de una expresión como al aspecto emocional y afectivo más íntimo de esta. No es extraño leer comentarios absurdos de cierta clase social hacia los más desfavorecidos. Los agravios no esperan: “salvajes, ignorantes, hordas, irresponsables, ellos tendrán la culpa de la contaminación”. (Repaso que en octubre quienes bloqueaban no reclamaban por la basura acopiada en barrios selectos).

Vemos entonces que en situaciones de intento de dominio, la identidad externa está marcada por la discriminación y la exclusión, lo que ciertamente tiene un impacto profundo en las representaciones que se construyen frente a la autoidentidad o la mismidad.  

Y para llevar a cabo las supuestas negociaciones, también será importante la imagen externa, en un imaginario de confrontación o advertencia. En momentos actuales, no es extraño ver uniformados en traje de campaña en espacios teóricamente democráticos para advertir sobre posibles acciones. Nos preguntamos sobre los mensajes que intentan sugerir apoyándose en fantasmas del pasado.

Entonces, en estas identidades imaginadas, no queda otra que volver al inicio. Hay quienes creen en los derechos humanos y otros que apoyan la limpieza de la sociedad. Una sociedad donde se domestique la identidad que fastidia, porque no hay capacidad de diálogo entre diferentes. Aquel imaginario ego-neocolonial que arrasa las vísceras.