Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 01:53
Gueto del alma

Siempre me pregunto, si llegado el momento habría una supuesta metamorfosis cerebral o mental por el uso de la avanzada tecnología. Algunas zonas cerebrales, quien sabe, estarían más desarrolladas y otras, tal vez, se irían anquilosando, algo así como cuando se oxida una herramienta por falta de uso. 

A saber, hoy, se manejan gigantescas bases de datos y miles de depósitos inmensos de información, a los que sin ningún esfuerzo se accede, en un abrir y cerrar de ojos. A esta realidad se la llama memoria artificial, que funciona como apoyo, para suplir las limitaciones de la capacidad natural de almacenamiento de información en nuestra cabeza. Asimismo, como consecuencia, se viven distancias de búsqueda de otros saberes, que requieren de paciencia; también de otras opciones de información y selección, como la sistematización, categorización, escuchar testimonios, mezclarnos con los saberes antiguos y mucho más. 

Al respecto, si nos remontamos a épocas antiguas, sabremos que la memoria colectiva es abrumadora y si nos imaginamos que la transmisión de conocimientos se hacía oralmente, nos asombraremos por la capacidad memorística, no memoriona, de los antiguos. Sabemos que los griegos, todo lo que querían decir en un discurso, lo recordaban y para ello recurrían a la mnemónica, un conjunto de asociación de ideas, cuya invención se atribuía a Simónides, un poeta del siglo VI aC. Esta práctica de recursos externos, lógicamente ampliaba la capacidad natural de la memoria y ciertamente servía para fijar los recuerdos en la memoria interior, en lugar de almacenarlos a través de la escritura. Entonces, el orador daba largos discursos sin necesidad de leer notas escritas.  

Thamas, rey de Egipto, creía que la escritura producía el olvido en las almas, de los que la aprendieren por descuidar la memoria, porque confiaban en escritos producidos, que no era parte de ellos mismos. También Platón veía en la escritura una amenaza para las habilidades memoriosas, lo que permitía que los artificios de la cultura manipulasen las esferas del alma. Esta intromisión forzada de los poderes de la imaginación, fue un reto para la escolástica cristiana, que logró manipular imágenes propias de la memoria artificial, lo que coadyuvó a la construcción del discurso académico occidental. ¿Memoriones?

Sin duda, lo que tenemos que recordar, es que la memoria nos ata a la realidad externa. Si bien la memoria artificial es una referencia, el funcionamiento de la memoria sin intromisiones artificiosas es un flujo permanente de sensaciones que nos conecta a la vida, a las sensaciones de la naturaleza, a la conexión con el alma. Por eso, es importante el contacto cualitativo, en otras palabras, el de piel con piel. 

En suma, es posible que a corto plazo, la memoria esté cada vez más reducida y la persona que padezca esta ausencia, tal vez no reconozca a su familia o amigos, pero si recordará la sensación, el amor, el sentirse apreciada y querida, porque esa memoria le pertenece al alma. Aquel alma de la que hablaba Platón, como el principio de racionalidad que anima a los seres vivos, dotada de carácter celestial y acciones buenas. ¿Será que la tecnología, en un futuro, perturbará las zonas cerebrales donde habita el alma?