Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:13

Las grandes desigualdades

Las grandes desigualdades
La actual crisis obliga a reflexionar y analizar la relación de la pandemia con la vulnerabilidad, entendiendo la vulnerabilidad como un proceso al cual puede concurrir cualquier persona o comunidad, que en un momento explícito se encuentre en una situación desfavorecida o de desventaja respecto a otras personas o comunidades; y que tiene en cuenta los recursos que se poseen para enfrentar los riesgos y sus consecuencias (CEPAL, 2001).
El enfoque de vulnerabilidad surge desde una perspectiva natural vinculado a la comprensión de factores naturales y externalidades negativas del modelo de desarrollo predominante (desastres, sobreexplotación, hambrunas, conflictos armados), donde destaca su desconexión de los complejos procesos sociales. Posteriormente se reconoce la dimensión social, aplicándose a las personas antes que a los lugares o al contexto en el que viven, ya que son aquellas las que están expuestas a riesgos y las que cuentan o no con capacidad o mecanismos para defenderse.
En el contexto pandémico urge abordar la vulnerabilidad, pues existe un conjunto de ellas: la natural, la física, la política, la ecológica, la técnica, la educativa y la económica. Juzgarán ustedes, cuáles son las poblaciones más vulnerables.
El hombre como ser biológico está expuesto a cualquier infección. En los pueblos de Tierras Bajas hay preocupación porque la pandemia se relaciona con la salud física, que tiene que ver con el territorio. Las comunidades se cierran.
La vulnerabilidad política y ecológica está latente, porque en esta pandemia autoridades de algunos municipios aprovechan y ocupan territorios indígenas, asimismo hay empresas que están en acciones extractivas.
La vulnerabilidad técnica referida a los servicios médicos y medicamentos. En todo esto, las situaciones de morbilidad, producto de la discriminación, debido a que no han sido atendidos como corresponde, según testimonios.
La educativa con varias aristas. Una persona que tiene una base educativa tendrá la posibilidad de comprender los mensajes del Estado; sin embargo, el lenguaje que se utiliza es incomprensible por la lógica lingüística. No cuentan con Internet, tampoco computadoras.
La vulnerabilidad económica es la más significativa porque hay una relación con el desastre, pues las comunidades han reducido sus ingresos notablemente, y en las ciudades los migrantes no tienen ingreso, pues su principal actividad económica es la construcción, la venta por menudeo, trabajos informales por lo general. Y son estas personas que van y vienen a sus municipios con dinero para el sustento de la familia con la incertidumbre de portar el virus. Esta pandemia también hizo cambiar hábitos alimenticios.
Está claro que no hay que etnizar la enfermedad, pero el Gobierno debería incorporar los contenidos simbólicos de cada lugar. Lo que sucede en comunidades, en espacios urbanos se complejiza. El caso del COVID muestra que las fallas estructurales generan grandes desigualdades. No sabemos cuántos indígenas murieron, porque frente a la muerte hay silencio ritual.
“Cuando les toca la peste, contagiada por los españoles, se van por los bosques donde caen muertos ya sea por la enfermedad o de hambre; quedando los cadáveres como si fueran tizones del infierno” (Tomichá, 2002).