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  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:27

Fanatismo y perfección

Fanatismo y perfección

Ante todo, la palabra fanático viene del latín “fanaticus” que es un derivado de fanum que significa templo o santuario. Los fanaticus eran vigilantes nocturnos que velaban celosamente el santuario. Algunos indoeuropeístas vinculan la expresión fanum a conceptos religiosos sugiriendo que dio lugar a la palabra “dios”. Sin embargo y pese a todo, el fanatismo tal como se expresa en la actualidad es de mucha preocupación, sobre todo, porque el avance de las tendencias y comportamientos fanáticos nos hacen pensar si es una característica de este tiempo, o es un rasgo de la condición humana que emerge en situaciones inesperadas; o tal vez, que son meticulosamente planificados con ásperos desenlaces.

Crisis, carencia, desesperación, búsqueda de identidad son algunos conceptos que coadyuvarían a desenredar esta incógnita.

Rousseau, en una carta a Voltaire escribe: “Los fanáticos más sanguinarios cambian de lenguaje según la fortuna, y predican paciencia y dulzura solo cuando no son los más fuertes”. Por cierto, ellos fueron hombres que conocieron, padecieron y combatieron el fanatismo, corriendo incluso riesgo personal y graves prejuicios. 

Filósofos señalan que si se analiza el subsuelo del fanatismo, se observa que existe un carácter hostil a la complejidad humana. Los partidarios del Humanismo consideran que la tolerancia es el remedio contra el fanatismo, lo cual se da en distintos escenarios, ya sean políticos, deportivos, religiosos y en toda dimensión cultural donde se juega el poder por el poder. El fanático es incapaz de aprender y menosprecia la instrucción y el cambio. 

Al respecto, existe un trastorno del carácter que está muy extendido, es lo que se llama narcisismo, algo que nos hace pensar en una personalidad tremendamente egoísta y soberbia. Estos sujetos creen que cualquier modificación es peligrosa, en consecuencia esperan que el cambio sea ajeno, de tal forma que, para que el narcisista cambie, debe ser “el otro” que lo haga primero, para beneficiarse indirectamente sin reconocer que su propia actitud es la intolerante. 

Por tanto, el narciso tiene un comportamiento potencialmente fanático. Por cierto, esto también se observa en grupos o juntuchas, retroalimentándose entre ellos como poseedores de la verdad y de la bondad en beneficio del sujeto abstracto, es decir: “el pueblo me pide”. 

Ahora bien, como vivimos en este mundo, aquí y ahora, estamos rodeados de fanáticos, narcisistas y demás diversidades, que se creen el ombligo del mundo. Esto no es franquicia de clase social, ni étnica, ni generacional. Lo preocupante es que detrás de esta gama existen los otros que se identifican con las actitudes de los “elegidos” sin ver la realidad críticamente, en la perspectiva de lograr un cambio que beneficie siquiera a la mayoría.  En todo caso, los narcisistas o fanáticos, individuales o de grupo, siempre están a la defensiva y en ese accionar se hallan constantemente dos vicios desarrollados: la mentira y la usurpación. 

El narcisista miente y tima con frecuencia sin pensar que se engaña a sí mismo, y el fanático, que lo hace deliberada y conscientemente, delata y despluma sin recato. Además, cuan plusquamperfectum, juegan muy bien con símbolos religiosos, deportivos y políticos.