Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 20 de abril de 2021
  • Actualizado 18:17
Esos muchachos

El discurso es racista, por lo que recuerda y no necesariamente por lo que dice. La práctica racista puede coincidir o no con una serie de creencias desarrolladas históricamente. Y escuchen bien, si se plantea un enunciado que hace alusión a características fenotípicas o si es que hubiese una expresión irrespetuosa, tanto gestual como de palabra, dependerá del tejido para traer a la memoria los malos tratos en contextos excluyentes y jerárquicos. Entonces, lo que incumbe es el efecto y no tanto el contenido “inocente”.  

Debe señalarse que durante la colonia, una de las estrategias claves del ejercicio del poder fue la de construir un proceso de diferenciación sustentado en la idea de raza, que fue la base sobre la que se impuso un sistema de clasificación de estratificación y subalternización de geografías, culturas, identidades, conocimientos, lenguas, sociedades y seres humanos, que tuvieron al sujeto blanco como cúspide de la pirámide social. Y quién diría, esa fue la gran herencia social que emerge en nuestras sociedades como un fenómeno sui generis, un país indio por naturaleza y con mucha gente tratando de cruzar puentes que los lleven al otro extremo y convertirse de pronto en los reproductores de un racismo epistemológico, porque fenotípicamente la cara los revela.

En función a lo planteado, este país indio se convierte en país mestizo. Hay que señalar que el mestizaje disciplina la mirada sobre los otros; construye también formas de ver la realidad estableciendo clasificaciones sociales en las que el mestizo, ahora blanco, tiene el rol hegemónico, creyéndose el único sujeto capaz de hacer historia, entonces, se vuelve dueño de la palabra, y lo sitúa al mestizo no blanco, en escenarios de inferioridad con categorías por él, reconstituidas, que son herencia colonial y que están inmersas en las estructuras sociales. Lamentablemente, siendo el mestizaje un proceso tan rico donde podríamos haber tomado conciencia de la dimensión política insurgente, es un instrumento de discriminación y odio. 

Cabe resaltar, jocosamente, que en la actualidad nadie es racista, porque nadie tiene la culpa de haber nacido blanco (como si fuera cuestión de piel), sin embargo, esto es aún más crucial porque en el mundo contemporáneo identificar prácticas racistas es muy difícil, ya que la gente no expresa de manera directa, sino que muestra un discurso ambivalente y trata, no solamente de ocultarlo, sino que se sacude y la culpa es del otro. 

Pero esto de la doble moral no es solamente herencia del ego colonial, sino que está bien nutrida con ese complejo epistemológico del saber y del ser. Es muy conocida la manera de lastimar a personas sin los supuestos títulos universitarios, o si es que los poseen, se dejan llevar por el fenotipo originario y se da un trato displicente de tú a tú, de chico, de lloqhalla mal entretenido, de muchacho o ¡doñita a ver sentate!  

Y así, tendríamos un vasto material para un diccionario no solamente etimológico, sino etnográfico y la verdad es que sería muy interesante porque cruzarían variables de clase social, de género y generacional, de racismo, de odio a sí mismo, de complejos, de blanqueamiento societal, de atraso de nación, de Arguedianos y Larreas; de criminales, salvajes y resentidos.  

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente 

universitaria

[email protected]

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