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  • Diario Digital | miércoles, 24 de febrero de 2021
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Cuerpos que importan

Cuerpos que importan

Para comprender mejor el entramado simbólico que conlleva a la diferencia sexual, las antropólogas feministas realizaron investigaciones bajo el influjo de momentos políticos y de la dinámica multidisciplinaria. Sugieren que la Antropología es la disciplina que más contribuyó a la definición inicial de género, lo que produjo la ampliación del debate a otras disciplinas.

Debe señalarse que cuando se comienza a hablar de género, inicialmente se agenda la idea de derrotar los estereotipos vinculados a la identidad femenina y masculina. Primero, se debía diferenciar sexo de género, al considerar que el género es una construcción cultural, el cual se lo designaba dicotómicamente y se demostraba que esta forma de abordaje organizaba la vida socio política. Hay corrientes que no discuten la realidad de las diferencias sexuales, sino la legitimidad de los estereotipos de las diferencias construidas por la sociedad.   

La filósofa Butler plantea que el sexo entendido como la base material o natural del género es el efecto de un pensamiento que se genera dentro de un sistema social, que plantea la normativa del género. Además realiza una descripción de los conceptos de cuerpo, sexo y género, y plantea: ¿Cuáles son los cuerpos que importan? El cuestionamiento entonces se orienta necesariamente hacia la heteronormatividad y a la posibilidad de la construcción de sociedades inclusivas.

Butler sostiene de manera implícita la idea de una relación mimética entre género y sexo, en la cual el género refleja el sexo o, de lo contrario, está limitado por él. Esto sugiere pensar en los cuerpos como el efecto de una dinámica de poder, en la cual existen normas que regulan su materialización. En tal sentido, el sexo es analizado como un efecto que regula los términos, donde unos cuerpos importan más que otros. Al respecto, algunas chicas trans señalan que en la calle sufren discriminación, burla, humillaciones. “¿Es tan difícil entender que la naturaleza nos ha hecho así? Lo único que queremos es tener una familia, tener hijos y que el Estado nos apoye para lograr que las leyes nos favorezcan y dejar de sufrir”.

La literatura feminista plantea la existencia de dualismos donde hay división entre sexo y género como un cimiento fundacional, de ahí que se asocia el sexo a lo biológico y el género a lo cultural. Esta dicotomía refuerza el sistema binario, pues a un cuerpo de hembra le corresponde el género femenino y a un cuerpo de macho, le corresponde el género masculino.

En ese contexto se va construyendo, cualesquiera fuera la cultura, el molde de la feminidad y masculinidad. Esto se hace evidente en sociedades donde el sexo normaliza el género, en donde la mujer debe tener una forma específica de ser desde una femineidad que se la entiende en diferentes contextos, la no varonil. Esta misma obligación cultural se aplica a todo aquello que también implica ser hombre o la masculinidad única.

Al respecto, existe una frase muy conocida de Simone de Beauvoir, no se nace mujer, sino que se hace y Butler interpreta aquello agregando que se hace mujer bajo la obligación cultural de hacerlo, lo cual no proviene del sexo. Añade que no existe la garantía que la persona que se convierte en mujer, sea necesariamente del sexo femenino.

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente

universitaria

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