Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 13:45

Control “majestic” del cuerpo

Control “majestic” del cuerpo
El virus corona es el arma de la violencia encubierta. Se lo utiliza para todo. Para alejarnos de la gente que amamos; ser terriblemente calculadores; aislarnos con potenciales feminicidas; ser fríos en nuestras apreciaciones y deshacernos del compromiso humano; también sirve para controlar a través del miedo, el supuesto respeto a la igualdad de derechos, que pone en evidencia el ocultamiento de las desigualdades sociales.
Esta toxina que curiosamente se llama corona, nos está cambiando la manera de vivir nuestro cuerpo. Nadie tiene la mínima idea de cuándo será el día en que salgamos a la calle sin portar el barbijo, o de pensar que la persona que está a nuestro lado es potencialmente matadora. Este virus que controla nuestra libertad pondrá a prueba nuestro continente, una de las regiones con mayor desigualdad en el mundo.
Estamos mirando la tragedia que viven en Nueva York, en Guayaquil, en España, Italia. Al inicio, algunos jóvenes estaban tan seguros de su fortaleza que hasta se daban el pisto de manifestar la aprobación de la muerte de los viejos. Pero hasta ahora, no se investigó a profundidad, por qué el inventario de muertos recae más en esta población. Algunos dijeron que la población del norte de Italia es longeva, que los jóvenes migraron a otros lugares, o que viven con sus padres hasta viejos. Con todo, hay neonatos que contrajeron el virus, hay muchos jóvenes que fallecieron, mujeres, hombres, de diversas edades. ¿Entonces el virus no discrimina? Los que discriminan son los hombres que eventualmente tienen el poder.
El punto álgido en esta situación es cuando a título de ralear políticamente a los indeseables, estos eventuales poderosos asumen la necropolítica, donde se acusa sin pruebas la instigación de un supuesto desorden. De modo que los indeseables podrán ser descartados, dejándolos a su suerte y aguante en campamentos donde pueden emerger otras enfermedades por el hacinamiento y falta de limpieza, tal vez violaciones, abusos deshonestos, etc. Entonces mi pregunta ya está resuelta. A los que no valen nada, los dejamos en modo pesadilla y veremos quiénes resisten. Otra vez, la supervivencia del más fuerte. Otra vez, la teoría Darwiniana, con la leve diferencia de que no es un tema biológico, sino un crimen de lesa humanidad.
En efecto, con el virus majestic o majestuoso, fortuitamente nombre del edificio donde vive una galena, a quien impidieron su ingreso porque reina la ignorancia en los cultos vecinos, realizo una analogía con la situación de los refugiados concentrados en Pisiga. Algún extraño de pelo largo declara alegremente que son “residentes” en el vecino país; pero, eso no quita la condición de bolivianos para prohibir el ingreso al propio y llevarlos a un lugar seguro y cumplir la cuarentena. De obrar humanamente, los oficiosos tendrían que abstraer el hecho de que unos llegan a pie a la frontera y otros en avión hasta su destino.
Sin duda, la idea de que el virus no discrimina es otra construcción de un sistema que se basa en la desigualdad. Judith Butler nos dice que todos somos vulnerables y para sobrevivir necesitamos una serie de condiciones que nos permitan vivir una vida “habitable”. El virus no discrimina, la necropolítica sí lo discrimina y controla al sospechoso.