Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 05 de diciembre de 2020
  • Actualizado 14:01

Del castigo al abrazo y viceversa

Del castigo al abrazo y viceversa

Cada 20 de noviembre se celebra el Día Universal del Niño, fecha en la que la Asamblea General de la ONU aprobó en 1959 la Declaración de los Derechos del Niño; sin embargo, esta declaración no fue suficiente para protegerlos. Recién en 1989, 20 países firman la Convención de los Derechos del Niño en 54 artículos, donde reconoce que los niños son seres humanos, con derecho de pleno desarrollo físico, mental y social y a expresar libremente sus opiniones. Al presente son 196 países que ratificaron la Convención. En Bolivia, la Ley 548 reconoce, desarrolla y regula el ejercicio de los derechos mediante la corresponsabilidad del Estado, la familia, y la sociedad. 

En nuestro país, distintas instituciones trabajan con el tema de la niñez y adolescencia. Una de ellas es el DNI-Bolivia, cuya misión es buscar el interés superior del niño, trabajar en el respeto a los DDHH, principio de no discriminación, derecho a la vida, principio de autonomía y el principio del vivir bien. Esta institución trabaja con brigadas de niños, niñas y adolescentes con un enfoque intercultural y equidad de género. 

De lo anterior se puede deducir que ha sido un largo camino para reconocer a los niños como sujetos de derecho, pues siempre se ha situado a este grupo etario en campos tangenciales. Se los invisibilizó, juzgó como adultos y depositó en centros de detención o granjas, conjuntamente antisociales mayores.  

Hoy, nos preguntarnos cuál es el espacio social de los niños y niñas, y cómo actúa la sociedad frente a ellos. Preguntas que nos deberían hacer reflexionar, pues hasta el 15 de octubre del año en curso, la Fiscalía General de Estado ha registrado 45 infanticidios a nivel nacional. Asimismo, con relación a los casos de violencia, en el periodo de cuarentena se registraron 12.540 casos. 

Esto nos conduce a reflexionar respecto al rol que asumimos. Presumo que nunca fui testigo de tanta violencia. En las calles, instituciones y, seguramente, en los hogares la violencia se ha desbordado y ese, probablemente, sea el peor virus que está en la sociedad. No solo las ciudades están llenas de basura, sino el entorno social a través de pensamientos y acciones que se las podría llamar basura. 

Por todo esto ¿la infancia se la piensa como un fenómeno cultural? O es un receptáculo de experiencias. Y es así como en estos últimos días en el municipio de Sipe Sipe, una autoridad mujer ha sido violentada criminalmente por “padres de familia”. Lo insólito, habían niños y niñas presenciando, tal cual audiovisual en 3D. Esto sugiere un sometimiento de la infancia y, en consecuencia, una flagrante violación de los derechos humanos de los niños. 

¿Qué valores se transmitió a los niños, observadores pasivos, de semejante inquina política al denigrar públicamente a una mujer, que podía ser su madre o abuela? ¿Hasta dónde los valores son subjetivos?

Lo cierto es que ayer y mañana deberíamos repensar conductas. Los niños y niñas transitan cotidianamente entre el premio y el castigo, entre palabras cariñosas e insultos, entre un golpe y un abrazo, determinado obviamente por relaciones de poder. En tal sentido, el día de mañana dudo que se disgreguen experiencias que surcan profundamente el alma. Este es el futuro apocalíptico que se construye. 

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente 

universitaria

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