Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 02:14

Cambiar el mundo conociéndonos

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS
Cambiar el mundo conociéndonos

Una de las dimensiones donde se manifiesta la concepción andina, es en la salud y enfermedad que no son fenómenos aislados. El cosmos entero, la naturaleza, el medioambiente, incluso la religiosidad pueden estar sanos o enfermos. Esto no es una causalidad física, sino un nexo simbólico y ritual. Cada ruptura de las relaciones vitales es causa de las enfermedades.

Para el aymaro-quechua, salud y enfermedad se relaciona con las relaciones interpersonales y cósmicas, a través de la colectividad. La medicina andina tradicional es una medicina social y ritual y en ese contexto entendemos la existencia de enfermedades como el susto, el gentil, el viento, el rayo. Las enfermedades mencionadas tienen una relación intrínseca con elementos exteriores a la persona enferma, la cual revela la condición relacional de la vida.

Con esto afirmamos que cada enfermedad es un síntoma de un trastorno en el equilibrio personal, social, cósmico y su curación consiste en el restablecimiento del equilibrio dañado, que solo es posible simbólica y ritualmente. La enfermedad más dura, es aquella donde se pierde el ánimo o espíritu, es decir, la fuerza vital. Las culturas animistas sostienen la creencia religiosa que atribuye a los seres, objetos y fenómenos de la naturaleza, un alma o principio vital.

En este contexto, para la ciudad de El Alto de ascendencia aymara, la llegada del coronavirus es un fenómeno que no se termina de asimilar. Un sentimiento de inseguridad golpea la mente de los ciudadanos en la urbe, quienes están más preocupados por su economía que por contraer el virus. La ética de trabajo del aymara se ha visto golpeada por la situación. Una vida dinámica tanto en el comercio como en otras áreas tenía un ritmo estable. El virus ha llegado y no hay conciencia de su gravedad.

La desinformación es uno de los primeros rasgos que ha caracterizado este fenómeno. El campo en el que se desenvuelve el alteño está entre la campaña electoral y la incertidumbre por la enfermedad; estos dos criterios dominan la percepción del acontecer.

El desprestigio de la ciudad no es un hecho aislado, las múltiples expresiones racializadas en las redes sociales, son producto de los sucesos de noviembre. Una gran mayoría ve al Gobierno como enemigo, eso aumenta su desazón. Por lo demás, se vive una mezcla de preocupación, pues la incapacidad de solucionar el problema por métodos tradicionales afecta la organización comunitaria que no tiene un rol notable en esta ocasión.

Varias de las creencias y costumbres se mezclan con la desinformación, razón que genera confusión respecto a la magnitud del problema. En la medida que avance la pandemia, se podrán ver las reacciones, según las características propias del aymara. No sería extraño que muchos se nieguen a aceptar esta enfermedad viral y le atribuyan al kari kari, un demiurgo que se apropia de la grasa que es el principio vital.

Estos estacazos deberían ayudarnos a comprender que el desconocimiento del otro es el principio de todo fracaso. La forma de abordaje de cualquier situación debería ser conociendo el ethos de las diferentes comunidades. Esto es nuevo para todos y cada uno asume de acuerdo a su experiencia. Por eso mi planteamiento siempre fue y será conocernos en la interculturalidad.