Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
  • Actualizado 19:16

La Bolivia profunda y periférica

La Bolivia profunda y periférica

A propósito de los resultados electorales, los políticos comenzaron a golpearse el pecho, al parecer, aceptaron que no conocían Bolivia. Los intelectuales promovieron una racionalización y justificación del voto, algunos se dieron cuenta que la Bolivia estaba más allá de los grupos de wasap o de su contexto espacial, otros, vía zoom comenzaron a gritar y desquiciarse por la surreal forma de realizar campaña electoral. Alguien tuiteó: “aprendamos a perder, a entender al otro”. Pero bueno, las lecciones o mejor “la letra con sangre entra”, refrán que se lo rescata de una obra de Goya “Escena de una escuela”, en la que el artista realiza una crítica al sistema educativo de su época, mostrando una pequeña escuela en la que el maestro aparece sentado mientras azota a un alumno con las nalgas al aire e inclinado para recibir el castigo. 

Con este mediano rodeo y debido a la inquietud por el desconocimiento de nuestro país, asumido por muchas personas, quiero llegar a un post que realicé en mi cuenta de Facebook, donde muestro imágenes sobre el día de la votación de un recinto electoral en un pueblo Uru Chipaya, imágenes que llamaron poderosamente mi atención, porque los votantes visten sus trajes que corresponden a momentos celebrativos, como ser rituales, reuniones comunitarias importantes, que son, sin duda alguna, reflejo de las formas de organización sociopolíticas de dicha cultura. El citado post está 6.500 veces compartido. Esto me lleva a pensar que gran parte de los que compartieron quieren reflejar una actitud de revalorización de aquello que desconocemos y al mismo tiempo ir al rescate de nuestra identidad profundamente, vapuleada desde tiempos antiguos. Los comentarios fueron muy positivos, con deseos inmensos de conocer nuestra Bolivia profunda, otros, se sintieron orgullosos, hasta se identificaron étnicamente. ¡Es un gran logro!

Sin embargo, más allá de las imágenes que emocionaron a propios y extraños, esto nos debe llevar a reflexionar cuán importante es conocernos como bolivianos. Cada una de las culturas de nuestro país refleja una filosofía, que no es la occidental, pero al igual que nosotros citadinos tienen una manera de pensar, de mirar, de estar y sentir el mundo. De ahí se infiere que debemos apostar como país a una filosofía intercultural y para lograr tal fin, corresponde tener una actitud de diálogo positivo, de aceptarnos en nuestras diferencias, sin parámetros de comparación o desde perspectivas etnocéntricas. Uno de los errores de un candidato fue el no haberse acercado a la Bolivia periférica donde vive gran cantidad de migrantes del área rural, tal vez ese no acercamiento estuvo confiado por la naturaleza de su base social. 

Aún así, no hay que negar el alma, solo aplicar el arte de la política como los Uru Chipaya, quienes resuelven los conflictos comunitariamente. Por eso comprendemos que es la cultura viva más antigua de América. Narran en su mito de origen que “vivían bajo la difusa claridad de la luna y cuando aparece el sol toda la humanidad se quema y sobreviven ellos”. Lo cierto es que, siglos cargaron el estigma de chullpa puchu (sobra de los muertos). Ahora ellos, los jashoni, resignifican el estigma y dicen que son herederos de una civilización antes de la aparición del sol. 

 

 

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente universitaria

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