Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de mayo de 2021
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Un año más de Kuruyuki

Un año más de Kuruyuki

“Las derrotas y el desgaste marcó su inicio del siglo XX con una tremenda reducción demográfica. Los guaraníes, cansados, se plegaron al poder de los patrones. Como peones, un campesinado sometido y siervo, que de haber sido un indígena rebelde pasó a ser humilde, pasivo y avergonzado de sí mismo” (Pifarré S.J.) 

Este pueblo que fue ejemplo de resistencia a la corona, a la presión ejercida sobre su libertad y al despojo de su territorio, un 28 de enero de 1892 fue masacrado en Kuruyuki. El trauma de la derrota produjo en los guaraníes una suerte de amnesia colectiva sobre su historia y una dramática pérdida de su conciencia social como cultura.

La Guerra del Chaco y la Reforma Agraria fueron sucesos que contribuyeron a dañar esta situación. La guerra agravó aún más la disminución de la población. 

El despojo del territorio y la expansión de las haciendas ganaderas, obligaron a un gran número de guaraníes a emigrar y escapar hacia empresas agrícolas argentinas. Unos se refugiaron en zonas inhóspitas de difícil acceso, constituyendo dos áreas principales de reagrupamiento y resistencia en las que subsistió su forma de vida comunal, organización tradicional, su lengua y su cultura. Otros quedaron sometidos a la servidumbre y peonazgo. 

Asimismo, la Reforma Agraria se convirtió en un instrumento para legalizar y consolidar el despojo territorial. Es así que pese a todas las interferencias, las comunidades guaraníes del Chaco Boliviano lograron conservar rasgos de su cultura. 

Con todo, la preservación del territorio y la toma de conciencia como nación guaraní, el reencuentro con sus antepasados, sus creencias, sus ritos y formas de organización, se manifiestan en la celebración del Arete guasu. Se trata de un elemento cultural fundamental para el encuentro de toda la comunidad, donde se expresa su cosmovisión; la valoración de su modo de ser y la lucha sostenida por el derecho a vivir en su territorio. 

Asimismo, el pueblo guaraní conceptualiza su propia identidad y su modo de ser en la conocida expresión ñandereko. 

El misionero y lingüista Antonio Ruiz de Montoya (1639) decía del ñandereko: “nuestro modo de ser, nuestro modo de estar, nuestro sistema, nuestra ley, nuestra cultura, nuestra norma, nuestro comportamiento, nuestro hábito, nuestra condición, nuestras costumbres”.

Como observamos, los guaraníes interrelacionaban varias formas de organización de lo que se denomina cultura. La interpretación de Montoya rescata lo que sin duda era el significado guaraní del ñandereko en las dimensiones social, política, económica e ideológica que fue violentamente afectado después de la masacre de Kuruyuki y que en la actualidad se lo reivindica.  

Cabe resaltar que el sentido de libertad que hoy rige, el Iyambae, entre los guaraníes es inherente a la persona, pese a las presiones externas. Esto permite mantener aún la utopía de una sociedad basada en el respeto del otro y sus diferencias y eso le piden al karai o no guaraní. 

Actualmente, un aspecto trascendental en la organización de la nación guaraní es la revalorización de la identidad cultural y el fortalecimiento de sus comunidades. Cada 28 de enero es un día de proyección donde las instituciones y jóvenes guaraníes fortalecen los valores legados por sus ancestros. 

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente

universitaria

[email protected]

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