Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 17:29

Abuso sexual y de poder

Abuso sexual y de poder

Pensar en nuestro cuerpo, es pensar en resistencia, es pensar en un espacio a través del cual reflexionamos frente a cualquier adversidad que se nos presenta. Se trata de la vida de una niña o un niño que ha sido parido en determinada sociedad; alimentado, según las posibilidades; educado, de acuerdo a las normas de la sociedad o cultura; y orientado o encaminado hacia ciertas conductas, las que supuestamente serán el marco teórico de su vida. Y así como existe un marco teórico, también podemos hablar de construcciones simbólicas que se dan a partir del modelo de sociedad que imaginamos, siempre y cuando no desborden las líneas normativas.  

El primer encuentro cultural que tiene el niño es en el seno familiar (me suena a mujer), expresión que representa a toda la familia. Este primer encuentro se llama endoculturación y se refiere a aquel proceso mediante el cual, la generación anterior induce al niño mediante premios y castigos a adoptar las formas de ser, de pensar y de incorporarse a la cultura materna; y lo deja listo para entrar a la escuela, esta vez, en grupos grandes con niños de diferentes familias, tal vez, con las mismas creencias; pero desde esta situación, aprende otros valores que le brinda la Patria. 

Pues bien, como vivimos la cultura del aprovechar y llega el Día del Niño, hablemos sobre un aspecto que duele el alma, me refiero a la violencia ejercida en contra de este grupo vulnerable. Lo repudiable e inaceptable es conocer el abuso sexual ejercido en contra de ellos. Muchas veces, o siempre, este hecho se comete en el seno familiar; es el primo, tío, padre, padrastro, o el amigo de confianza, y más de las veces, la familia está al corriente, pero como el cuerpo del infante no le pertenece al propio niño, porque así está siendo educado, se queda callado frente a las crueldades. Este silencio no ayuda al niño que recibe mensajes amenazantes para guardar secretos, entonces la víctima es humillada a través de su pequeño cuerpo donde se legitima la desigualdad, la jerarquía, la vergüenza y el complejo de culpa.  

Algún famoso investigador ya señaló que el dominio del cuerpo para corregir y someter responde a los códigos penales de la época moderna: encerrar para corregir y manipular la disciplina. Entonces recordé que en una ocasión una niña avisó a sus padres que fue violada, el padre le respondió, que siempre fue así. El abuso sexual infantil muchas veces queda en la más absoluta indiferencia. Los mayores creen que si no se habla, el niño olvidará. 

Amerita pues, urgentemente, cambiar aquella mentalidad donde se marca que los niños son objeto de disciplina sin respetar su propia corporalidad. Sin duda, deberíamos repensar conductas, porque ellos y ellas transitan la línea frágil, entre el premio y el castigo; entre palabras cariñosas e insultos; entre cinturonazos y abrazos; entre decir literalmente el nombre de los genitales del hombre y de la mujer, o realizar alusiones ridículas, pues expresar correctamente es políticamente incorrecto. 

¿Qué piensan los niños? Ellos y ellas, deben saber que tocar su pequeño e indefenso cuerpo sin consentimiento, es abuso sexual. Es hora de cambiar y parar el show mediático de llevarlos mentirosamente a sesionar en la Asamblea, o tomar heladitos en su día.  

MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

MARÍA ESTHER MERCADO H.

Antropóloga y docente 

universitaria

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