Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de junio de 2024
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Se abre un espacio... (II)

Se abre un espacio... (II)

Para dar continuidad con la reflexión que iniciamos el viernes pasado, hoy trataremos la relación escucha y palabra. Se trata de “saber hacer” (“Savoire Faire”) con aquella palabra, que no solo es de quien la escucha, sino del que la dice, por lo tanto, uno trabaja puntuándola y el otro hace.

Enfatizamos que no es cualquier escucha, ni cualquier palabra, porque aun si la palabra no expresa nada sigue comunicando algo. Comunica verdad que es oculta para el sujeto, pero siempre será su verdad. Discurso que no entiende, ni atiende, posibilitando al que tiene otra escucha capturar en ese decir la verdad que expresa.

Es en ese sentido que para el analista es importante entender qué “parte” de ese discurso está relacionada al término significativo, y es así en efecto como opera en el mejor de los casos: tomando el relato de una historia cotidiana, o al contrario un simple lapsus o un silencio, y saber encontrar la verdad a lo que nos remite. 

Ya desde 1953 Lacan empezaba a preguntarse: ¿Qué es hablar? ¿Cómo puede ser que haya una cura cuyo instrumento sea únicamente la palabra?

Pues esto nos está refiriendo a que toda palabra funciona como un llamado, evocando la presencia del otro. Y siempre que hay un llamado se espera en consecuencia una respuesta, porque la palabra en primer lugar viene del otro (es decir, las palabras le son donadas al sujeto) y la palabra por su estructura misma incluye al otro. La respuesta a que se apunta no es más que para verificar dicha presencia, pero no la presencia de cualquier otro, sino de otro que escuche, pues esa es la función del analista y su silencio será también una forma de respuesta. Ya que no es lo mismo el silencio que produce otro luego de haber escuchado, al silencio que se produce por la ausencia del otro.

Por lo tanto, vemos cómo el analizante en un inicio le habla al analista con una intención de significar algo, de la misma manera que una persona visita al médico para que este le diga su malestar. Sin embargo, la intervención puntual de un analista es equivocar el sentido a esa intención de significar del analizante, es decir, le cambia el sentido que pretendía obtener el analizante, rompe con este sentido y abre otra cadena posible de sentido. De ese modo se da la posibilidad de resignificar ese decir, y esa palabra ahora será dirigida a posibilitar una otra escucha.

CONSTRUIR COMUNIDAD

MARÍA CECILIA ONDARZA T.

Docente carrera de Psicología UCB

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