Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 26 de febrero de 2020
  • Actualizado 15:51

La presidenta Jeanine Áñez ha nombrado a un Embajador de Ciencia y Tecnología, como representante del país ante organismos internacionales. El cargo recae en el Dr. Mohammed Mostajo, uno de los 12 científicos destacados en Harvard, líder de los Clubes de Ciencia en el país. Aplausos y loas a una noticia de esta magnitud, sobre todo, por sus implicancias y la novedosa figura en la región. Si bien otros países han creado un ministerio de Ciencias o agencias nacionales, en este caso, este cargo de embajador podrá conectar y canalizar desde el Estado hacia las universidades, instituciones y sociedad en general para estimular el avance tecnológico en el país. Cierro párrafo con la eterna pregunta. ¿Y la ciudadela científica en Cochabamba?

Hasta aquí, pulgares arriba a esta designación. Pero, no puedo dejar de decir lo siguiente. No se puede estimular y promocionar el STEAM (Science, Technology, Engineering, Arts and Maths) desde arriba, si la base sigue debilitada. Estoy agobiado de escuchar a tantos estudiantes que alzan los brazos con los números porque en el colegio tuvieron una mala experiencia con Matemáticas. Alumnos que optan por otras carreras donde “no existan números”, donde puedan marginarse de lo que no les gustó. ¿No se supone que estudiar una carrera es el acto de fortalecer tus habilidades y no de huir de tus debilidades?

Estoy cansado de ver colegiales cansados, que a solo semanas de empezar clases, ya están sufriendo la terrible enfermedad de la desmotivación. Cada vez que un chico dice “bien” cuando le preguntan ¿qué tal el cole?”, algo malo está sucediendo. 

El colegio debe ser un lugar donde vas a pasarla bien, donde jugar y aprender sean sinónimos. Resulta curioso que de adultos y viejenials, terminemos haciendo “gamificación” o dinámicas de grupo para “divertir al equipo” cuando la estamos negando desde la enseñanza básica.

Estoy agobiado de ver la lista de útiles que piden como si los padres fueran beneficiarios de la Lotería y como si esos materiales fueran a hacer la diferencia. ¿Dónde está la creatividad y el estímulo positivo en el proceso? Al respecto, los profesores de hoy están subyugados a un sistema burocrático que no les permite margen de acción, desde el Profocom y los bajos salarios, y además, bajo la severa sentencia de los grupos de Whatsapp de los padres. ¿Realmente alguien quiere ser profesor hoy? Los mejores en cada área, ¿querrán pasar sus mañanas al frente de prepúberes para lidiar contra el Estado y los papás?

Qué valientes quienes lo hacen. Y que, a manera de la película “Inception”, introducen ideas innovadoras en sus estudiantes, quienes tal vez, sin saberlo, lograrán plasmarlas en la universidad. Gracias a ellos.