Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de mayo de 2021
  • Actualizado 20:30

Escena 1.

Soy hijo de la televisión. Como viejenial nacido en los 70s, la caja negra tenía un solo canal: televisión nacional, que comenzaba a media tarde con el Conejo Ricky, dibujos animados, el informativo, Rosa de Lejos y a dormir. Aprendí  más música clásica con Bugs Bunny que con el colegio. Esa rapsodia húngara es magistral. Tardes enteras viendo a Optimus Prime y a Skeletor hacer de las suyas.También los otros como Plaza Sésamo, los Muppets y Looney Tunes. Al respecto, me acabo de enterar que un columnista defenestró a Pepe Le Pew con severas acusaciones de acoso y estereotipos.

Recuerdo el clásico libro universitario “Para leer al pato Donald” (Dorfman / Mattelart), un sesudo análisis sobre la mirada imperialista de Estados Unidos (tío rico) frente al resto del mundo y su relación con el capitalismo (sobrinos que trabajan, etc). La tesis (inspirada en la escuela de Frankfurt) es tan descabellada que a tiempo actual, y después de décadas de análisis de consumo, desde la aguja hipodérmica hasta las mediaciones, existe poca correlación entre objeto (un juego) y su acción (violencia). Resulta curioso que un texto levante tanto polvo cuando la problemática no es un dibujo animado, sino una proyección colectiva de constantes micromachismos que develan cuán poco hemos crecido por dentro. Somos pobres del alma.

Escena 2.

“Despacito” dejó de ser el video más visitado en Youtube. Después de 7.247 millones de reproducciones apareció un nuevo rey. “Baby shark cocomelon” tiene 8.137 millones de vistas y contando. Claramente, un nuevo fenómeno de consumo. Los millennials tienen hijos y los crían delante de Youtube. Rosa de Lejos es La Casa de las Flores en Netflix. Y aparecen preguntas por doquier. ¿Quién educa a los educadores? ¿Quién enseña a los padres a ser padres? ¿Quién pone límites y reglas a lo que ves y ven los demás en internet? Cancelan a Pepe Le Pew, pero hay premio como mejor compositor a Bad Bunny, la cultura de la misoginia en su máxima expresión. La bazofia hecha música (para los fans del reggaetón y el trap, bazofia significa “de mal gusto”).

Hace años, iba a nadar con un club de natación por las tardes, mis compañeritos de carril eran sub 14 en su mayoría. Saliendo, escuché a uno de ellos decir indignado “que por qué habían mujeres en tal colegio, que debía ser solo de hombres, porque es tradición, porque los profes eran severos y así se aprende a ser hombrecitos”. Me quedé sorprendido. Un chico de 14 años hablando con todos los miedos, frustraciones y distorsiones de un adulto.  No es Pepe Le Pew, es el papá / mamá / apoderado que está detrás de ese dispositivo. Así de simple.Dime quién te cría y te diré quién eres.

Escena 3.

Hablando de chicos sub 14 y en el otro lado del relato. Hace poco conocí a Jarian Medina. Su mamá me mandó un mensaje de Whatsapp para coordinar una entrevista vía zoom. A su corta edad, escribió un libro y ahora es youtuber. Entrevista personas para charlar de varios temas. Como pocas veces me sentí en un examen por las preguntas bien pensadas y formuladas. Jarian es un ejemplo de lo que es posible entre la intersección de tecnología y educación. Quedé encantado. No solo con él sino con sus papás, sus profesores, su colegio, su entorno. Tantas veces satanizamos a las redes sociales, tantos letreros en colegios y universidades prohibiendo celulares cuando son, en esencia, una fabulosa herramienta de aprendizaje. Ahí se ve el trabajo que hubo por detrás. 

Si hubiera que hacer una lista de los temas para cancelar pondría en primer lugar a todos los apocalípticos que buscan identificar los males del mundo por fuera, como un dibujo animado; cuando en realidad todo está por dentro, por cómo enfrentas la vida, sin prejuicios ni miedos. El mundo cambia con tu ejemplo. No con tu opinión.

PUNTO BO

MARCELO DURÁN V.

Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano

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