Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 25 de junio de 2024
  • Actualizado 00:57

Mientras las redes arden en debates alrededor de una sirena negra, una empresaria “bonita y blanca”, incluso si es “tren” o “tranvía”, por debajo hay un peligro permanente, cotidiano, cercano y amenazante: un parque automotor sin revisión técnica ni control. Es la conversación que nadie quiere tener, pero aquí le ponemos el dedo a la llaga.

Trascendió esta semana un fatal accidente. Un camión rompió frenos en la ciudad de La Paz. En su fatal descenso mató a tres personas, dejó heridas a otras tantas, además de daños de gravedad a autos parqueados e inmuebles. El chofer sobrevive. Dice que “no es de La Paz y que no conocía las calles”. La Policía, menciona la nota, “está investigando el hecho”. En los comentarios, los usuarios sacaron fotos del camión volcado e hicieron notar que varias partes mecánicas estaban atadas con cuerdas y alambres. No. No tenía inspección técnica vehicular obligatoria gestión 2022.

La “famosa” inspección técnica vehicular es una medida diseñada para prevenir fallas mecánicas, precisamente para que estos accidentes no sucedan. En otros países, existen talleres especializados que se dedican a esta tarea, sin la cual no puedes circular. Sin mucho conocimiento técnico y mecánico, y sabiendo el desgaste permanente del vehículo, este ejercicio es “obligatorio”. Pero lo pongo entre comillas. Porque quienes han pasado / hemos pasado este proceso, sabemos el trasfondo: es una colecta para la Fundación “Verde Olivo, un paquito feliz”, donde haces tu generosa donación, a cambio de que no te revisen algunos “detalles” del auto. Para los particulares, implica amanecer y formar una larga fila de horas, donde al final, todo se resuelve con tu generoso tributo.

Para el transporte público, el trato es preferencial. Ni siquiera debes hacer fila. Simplemente mandas una foto del conductor con el auto, foto del RUAT y listo. Ya tienes la gestión 2022 al día. ¿Deberíamos indignarnos de esto? ¿Escribir sendos mensajes a la Policía y pedirles que realmente revisen los autos que circulan? ¿Nos debería preocupar tanto, como el color de piel de un ser mitológico? ¿Que nuestros hijos, padres, familiares, estudiantes que usan este transporte a diario, corren peligro? O solo nos cruzamos de brazos y nos contentamos con tener Día del peatón y seguir viendo bailarinas de Maroyu en Tik Tok.

Sufrimos del Síndrome de Estocolmo. Estamos del lado de nuestros captores. De quienes han secuestrado a las ciudades y las han llenado de chatarra y contaminación, de la permisividad de importar chutos, siniestrados, y dados de baja en otros países porque ya no cumplen las normas ambientales, pues aquí les damos la bienvenida y los hacemos trufis y vienen a morir estrellados. La Moni acaba de llegar de Austria y me dice que para el 2035, todo el parque automotor será eléctrico y que ya están trabajando en ello. Le digo, ¿cómo crees que será el transporte en Bolivia el 2035? Ella me responde: “Maestro, me lo para en la esquina”. Para luego bajar, doblado como origami, en dos segundos mientras pagas, porque no hay paradas. Porque la calle es de ellos.

¿Y qué es el Síndrome de Estocolmo? El 23 de agosto de 1973, Jan-Erik "Janne" Olsson intentó asaltar un Banco de Crédito de Estocolmo, Suecia. Tras verse acorralado tomó de rehenes a cuatro empleados del banco. A pesar de las amenazas contra su vida, incluso cuando fueron obligados a ponerse de pie con sogas alrededor de sus cuellos, los rehenes terminaron protegiendo al captor para evitar que fueran atacados por la Policía. Durante su cautiverio, una de las rehenes afirmó: “No me asusta Clark; me asusta la policía”. Y tras su liberación, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: “Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él”.

Te dejo esa imagen mental, para la próxima vez que salgas a la calle.

PUNTO BO

Marcelo Durán V.

Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano

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