Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 14 de abril de 2021
  • Actualizado 20:03

Hablemos de digitalización, una palabra tan en boga últimamente en tiempos de cuarentena y que, a pesar de lo que muchos creen, no solo es un tema de implementación tecnológica, sino, sobre todo, de cambio cultural.

Les cuento lo que sucedió en esta semana. Una institución financiera me contrató para dar una charla de capacitación. El tema era precisamente sobre digitalizar negocios. Al final, me dicen que debo pasar por una notaría para hacer un reconocimiento de firmas y recién así, proceder para el respectivo pago. Sí. Ir a una notaría al centro, en cuarentena. La alternativa a tan quijotesco trámite era presentar mi firma digital. Así que asistí a una capacitación que brindó ADSIB (la institución que certifica la firma digital en Bolivia) y todo bien. Que tiene muchas ventajas, que no saldrás de casa, y podrás firmar con toda seguridad. Todo bien hasta que averigué un poco más en firmadigital.bo y vi los precios: 80 bolivianos para persona natural (razonable), 160 bolivianos para persona jurídica (también razonable), pero la “firma digital” se adquiere en un dispositivo criptográfico que cuesta 175 bolivianos y, por supuesto,el infaltable depósito en Banco Unión, además de foto y huellas para registro biométrico en “la sucursal más cercana de tu ciudad”. Mejor voy a  la notaría a firmar y listo.

Otra empresa tecnológica me pide una capacitación similar y me dice que para registrarme como proveedor, debo mandar un “voucher” del banco para recibir el pago. Inocente, mando mi número de cuenta, pero me dicen que “es imposible que nos acepten eso”, y me manda un ejemplo de voucher. Una foto al recibo que emite el cajero en un banco, cuando se realiza una transacción. Tenía que hacer un depósito a mi mismo (después de hacer una generosa fila) para comprobar que mi cuenta es mi cuenta. Y sacar una foto. Y mandar por whatsapp. Para que me paguen por hablar de digitalización. 

Sin embargo, hay ejemplos en positivo. Tengo el gusto de trabajar en dos universidades. En la Cato y en la Unifranz. Han tenido la gentileza de mandar contratos por correo y pedir que se devuelvan revisados, con una firma escaneada y un acuse de recibo vía mail. Y como este caso, muchos otros que han incursionado en códigos QR para pagos, en audios por Whatsapp para pequeñas clases o hasta conferencias de prensa por Zoom para aligerar la carga de los periodistas. Ese es un gran plus de Feicobol.

Digitalizar no es abrir una página de Facebook y decir “precios inbox”, o una cuenta en Whatsapp para mandar spam. Digitalizar es mantener el espíritu de la marca, pero llevarlo a un espacio nuevo. Digitalizar es facilitar la experiencia del otro lado de la pantalla, que sea simple y agradable, que no necesite un tutorial o una llamada de teléfono o una visita a la tienda ni menos una fotocopia de carnet. 

Estar en internet no es sinónimo de digital, si bien tener una web o que te vean en redes sociales pareciera el criterio principal para digitalizar un negocio, en realidad, tiene que ver con la cultura organizacional que subyace al interior de la empresa y de cómo vas a beneficiar al consumidor. De nada sirve tener una app de banca digital para pagar una cuenta, si luego tienes que recoger la factura en papel en sus oficinas. 

Digitalizar sí, pero solo si es mejor y más fácil que antes, sino, es más de lo mismo. Que la burocracia no llegue a la pantalla.

MARCELO DURÁN V.

Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano

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