Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de mayo de 2021
  • Actualizado 18:53

Perseverancia

Perseverancia

Escena 1. Stand and Deliver (1988) es una película que todo docente está obligado a ver. Es la biopic de Jaime Escalante, un profesor boliviano radicado en Estados Unidos que, contra viento y marea, hizo lo que la educación hace: transformar personas. Anclado en una escuela pública en un barrio de riesgo social, enseñó Matemáticas de una forma diferente, con alumnos conectados al mundo de las pandillas, drogas, violencia familiar y carencia económica. Logró que sus alumnos rindieran un examen de validación y que fueran aceptados en universidades de prestigio.

Hasta aquí, una historia inspiradora por un compatriota que merece nuestra admiración. Pero, esta semana, trascendió lo impensable. Sergio Valdez, oriundo de Los Ángeles, California, y jefe del equipo del JPL/NASA que colocó a Perseverance en Marte, indicó que fue alumno de Escalante y que gracias a él llegó hasta donde está.

Escena 2. Fotos de niños en las calles pasando clases con una mesa improvisada y un teléfono en mano. Puede ser La Paz, Cochabamba o cualquier ciudad de Bolivia. La realidad educativa en tiempos digitales golpea con dureza. Por primera vez, la sociedad está descubriendo la precariedad que existía al interior de las escuelas. Por primera vez, las fotos de chicos pasando clases en las calles, han hecho invisibles las paredes de las aulas y hoy, transeúntes y padres de familia están descubriendo qué es exactamente lo que pasa en una clase. Cada familia es una realidad diferente. Volver a clases presenciales es solo un parche bajo pretexto de “normalidad”. 

La película tiene una escena clave. Jaime Escalante recibe la oferta de trabajo en una empresa de tecnología como ingeniero, con un buen sueldo versus la situación de ser profesor de colegio público. Decide quedarse. Su vocación puede más. Cuántos buenos profesores terminan por renunciar a la vocación, no solo por economía sino por la excesiva carga burocrática de las instituciones educativas, informes, notas, asistencia a largos eventos, reuniones varias y las infaltables capacitaciones donde tu tiempo, termina por ser el tiempo del otro pero la paga, solo la hora de clases.

Escena 3. El sindicato de transporte de Villa Pagador consiguió wifi gratuito para que los alumnos de la zona puedan pasar clases en su sede. Aplaudo de pie. Como bien dice mi compañero de columna, “actuar en vez de hablar”. De pronto, la educación está pasando por una etapa crítica, donde se abre la posibilidad de rediseñarla. No más colegios de 1000 alumnos, ni de lista de materiales de 1000 bolivianos. Ambos inservibles. Será tiempo de construir una educación a escala humana, en pequeñas células distribuidas por las ciudades y los campos. Una parroquia, la sede de la OTB, una sala vecinal, un lugar que se pueda adaptar para clases presenciales y virtuales. Que algunas fundaciones estén recogiendo celulares en desuso y algunos profesores, cartel en mano, pidiendo internet más barato para clases, es un síntoma de la intersección entre educación y tecnología: parchada e improvisada bajo la poca visión de las autoridades, acaso cegadas por la política.

Pues no se trata de “virtual” vs “presencial”, sino de generar experiencias educativas favorables con los recursos disponibles. Que dicha experiencia se adapte a cada realidad y cada entorno. Los malos docentes seguirán igual con Zoom o con pizarra. Los buenos también. Sabrán cómo dejar marca en sus estudiantes. Para mirar adelante, para pensar soluciones, para ir a Marte. O tal vez no tan lejos, para hacer mejor este lugar, y que en 30 años, los alumnos de hoy dejen de reproducir los círculos viciosos, entre fotocopias de carnet, culpar a la gestión anterior y seguir “así nomás”.

¿Quieres ver el futuro de Bolivia en dos décadas? Mira las aulas de hoy.

PUNTO BO

MARCELO DURÁN V.

Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano

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