Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 11 de abril de 2021
  • Actualizado 06:36

Me hice la prueba PCR hace unos días. Estaba preocupado. Hice un viaje a finales de 2020 por un tema laboral. Me cuidé todo lo que pude, pero me la hice por si acaso. Por mi familia.

Resulta que hoy es el día que más contagios diarios se han reportado en el país, casi dos mil, sobrepasando el peak de julio del año pasado. Por si lo olvidaste, en ese mes hubo cuarentena rígida, policía y militares en la calle controlando salida por número de carnet, todas las entidades cerradas, todo en formato teletrabajo y teleeducación. La pandemia estaba arrancando la vida, al punto que el IDIF recogía cuerpos en la calle. Misas por zoom, fumigadores de autos al entrar a cada municipio y la sensación de estar viviendo un tiempo que resignificó el sentido de la vida.

Misma cifra pero en otro escenario. Todo abierto. Todos en la calle. Te piden que vayas a firmar documentos físicamente, filas en los bancos, filas en los servicios del Estado (qué novedad) y esa actitud negligente de quienes menos se espera. Las fotos en redes sociales fueron la mejor evidencia. Graduaciones de colegio por montones. Fiestas abarrotadas, ¿Mesas para cuatro? Qué ridículo, somos 10 por favor y con bar abierto con 1000 invitados por favor. Y por si fuera poco: “hijito lindo, ándate de viaje de promo, viaja en un avión repleto a un país lleno de turistas y por favor, vuelve con una buena cepa del virus”. Dicho y hecho. Es secreto a voces que en “esos” colegios y en “esas” fiestas hubo un disparo de contagios. Que los medios no lo digan no significa que no exista. La terrible irresponsabilidad paternal camuflada de amor filial.

Se suman a la larga lista de la infamia del COVID-19: negacionistas, quemabarbijos, bloqueadores de carreteras para no dejar pasar oxígeno, negociantes de respiradores, amedrentadores de médicos y personal de salud. Se convirtieron en lo que tanto criticaron. Creer que el virus pasó, es el error garrafal que hoy se está cometiendo, sobre todo en nombre de los hijos. Qué bueno sería que todos los graduados y festejados de 2020, pasen por las salas de terapia intensiva a prestar ayuda, o a un laboratorio a levantar las miles de pruebas PCR o, finalmente, salir a la calle (ya que tanto insisten) para  concientizar a la ciudadanía en las normas de bioseguridad. Tal vez nadie lo dijo de frente, pero se los dejo por escrito: qué vergüenza que “ese hotel” y “esos colegios” sean el mal ejemplo de la ciudad.

Y para colmo de males, “esa línea aérea” tampoco se queda atrás. En mi viaje de retorno Sucre-Cochabamba, el avión venía repleto donde la única norma de bioseguridad fue “salgan ordenadamente por filas”. Cuando les observé que no había espacios entre asientos y nada de alcohol al entrar, me dijeron “que sanitizan el aire con un purificador”. ¡Vaya! ¡Más bien! Santo remedio.Si fuera eficiente, se hubiera aplicado la misma técnica en cines, aulas, gimnasios y todo tan normal que queremos estar apretujados por horas. Encontré más bioseguridad en la tienda del barrio que en esa línea aérea.

El primer brote de la pandemia fue una mala gestión de fronteras y poco control sanitario. El segundo es por idiotas. Nominados al premio Darwin del año. En conclusión: salí negativo en la prueba, pero eso no garantiza nada. Distancia social, barbijo y que tus medidas de bioseguridad no sea un trapo mojado en el piso, sino un poco más de sentido común por favor, por la familia que tanto dices amar.

PUNTO BO

MARCELO DURÁN V.

Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano

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