Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 14 de abril de 2021
  • Actualizado 18:56

Hace 20 años empecé una aventura que me marcó hasta el día de hoy. Fui a estudiar a otro país por un año. Una experiencia de aprendizaje que agradezco a la vida por haberla tenido. De hecho, cuando terminé el posgrado, me invitaron a quedarme a dar clases en el instituto donde estudié y un año se convirtió en diez. Vivir lejos pone las cosas en perspectiva. Extrañas cosas insólitas, desde decir “macurca en el t’usu” hasta el olor del eucalipto en otoño de Tiquipaya.

Queda claro que Bolivia tiene paisajes, postales, aromas y sabores que enamoran. Pero algo negativo ha pasado durante estos años. Y es especialmente notorio en estas últimas semanas, a partir de la fatiga comunicacional que trae la política consigo. Se ha vuelto un común denominador escuchar en las charlas de pasillo el tema de “me quiero ir”, “estoy pensando irme”, “estoy haciendo mis papeles para el extranjero”. De hecho, Mónica me sorprendió esta mañana con el trámite que tiene entre manos. Ella es un buen ejemplo de este tema. A ojos de muchos, es una profesional altamente calificada, con méritos y premios en su haber, además de una extensa red de conexiones que la colocan como una persona influyente en el medio. Pero lo que nadie sabe es que termina trabajando “ad honorem” para un medio que no termina de entender que las cuentas no se pagan con Likes y que “hazlo por el reconocimiento” o “compartímelo en tus redes” no es la forma de remunerar y reconocer su trabajo.

La clase profesional está muerta en Bolivia. Fue fácil culpar al partido político de turno durante una década y media, pero a casi un año de este gobierno de transición, es claro que no se trata de un color político, sino de un pensamiento fuertemente arraigado en el país: las puertas celestiales se abren para los empleados dependientes. Para los demás, sobreviene el infierno burocrático / impositivo de Dante.

Con un poco de capital, resulta más simple importar un contenedor desde China y venderlo por Marketplace, Whatsapp o en las esquinas del “Mall Usa” que sostener un emprendimiento legalmente establecido. La calle y el sindicato no terminan de cerrar el círculo de aporte al Estado. Es mejor sangrar a los formales. Por eso, un consejo con cariño a todos los sub 30 que viven con sus papás y hablan de emprender: Comiencen dejando las casas de sus padres y enfrenten las olas del sistema. Así podrán proponer mejores soluciones.

No deberíamos estar pensando en irnos. Todos muy orgullosos de Bolivia, sus bailes y comida hasta que toca hacer un trámite y descubrir nuestra medievalidad administrativa. Viví 10 años en otro país y con las mismas reglas del sistema aporté a ese Estado. Esta semana, me devolvieron el 10% de aportes de mi AFP, mientras en Bolivia parece que se olvidaron de este tema. También recibí un mail que dice que puedo cobrar el Seguro Cesantía y que solo debo presentar 3 documentos en formato digital. Debería alegrarme por recibir estos beneficios, pero aquí solo veo filas de gente recibiendo bonos y extensiones de créditos y no estímulos o incentivos a sus unidades productivas.

Y no. No se soluciona con una persona en la silla presidencial, sino con un cambio de estructura interna. Dejar de joder al emprendimiento, puede ser el inicio. 

PUNTO BO 

MARCELO DURÁN V.

Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano

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