Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 09 de febrero de 2023
  • Actualizado 09:38

Se llama anosmia a la pérdida del sentido del olfato y es la enfermedad que nos aqueja. Contrariamente a lo que piensan, no es la ceguera o sordera, pues dicha pérdida de estos sentidos amplifica los otros. En cambio, la incapacidad de oler decanta en tragedia directa.

Te doy varios datos. El mercaptano es un odorizante químico que se le agrega al gas para que “huela a gas” y al sentirlo sabrás que hay peligro de fuga. De hecho, la naturaleza utiliza el sentido del olfato para prevenir enfermedades colocando olores a lo putrefacto, al pus, a las infecciones. Es una señal natural de alarma. 

¿Quienes sufren de anosmia? Claramente, el bando oficialista no supo oler durante tanto tiempo las varias denuncias contra la gestión y simplemente procedieron a “matar al mensajero”. El olor a desencanto cunde por doquier y no lo percibieron a tiempo bajo pretexto del discurso desgastado de “ustedes vs nosotros”.

También los candidatos opositores, que tampoco supieron olfatear la percepción ciudadana y se empecinaron en llegar separados a esta contienda electoral tras una dura batalla desacreditándose unos a los otros. Verlos juntos ahora, en una Coordinadora, no huele nada bien. 

Por su lado, muchos medios de comunicación, especialmente los televisivos, que lejos de informar o comentar la crisis que atraviesa el país en fuertes jornadas de protesta, prefieren instalar la “normalidad” en sus agendas a plan de música, baile y sonrisas en minifalda. Esa falta de olfato la pagarán con credibilidad.

La anosmia hace creer que el racismo o la violencia son el problema de fondo, cuando en realidad están solo en la superficie. Hay un conflicto mucho más serio y tiene que ver con el proyecto país que queremos ser. El 2006 quedó atrás hace rato y eso lo tienen claro los jóvenes de hoy.

¿Qué haces cuando los aromas son intensos y debes restablecer tu olfato? El secreto de los perfumistas y los catadores de vino: apelan a los granos de café para neutralizar la saturada pituitaria. No hay mejor metáfora que esta. Café para devolver la capacidad de olfatear, de sentir petricor, de una mañana de primavera, de Tiquipaya cuando llueve, o de Santa Cruz cuando abren las puertas del avión. Café en el amplio sentido de la palabra, de sentarse a conversar y escuchar al otro. El diálogo urgente que nuestro país necesita.

Internet permite transmitir imágenes, video, música y palabras, pero curiosamente, no olores. La única forma de desarrollar ese olfato es cara a cara y en la calle. Precisamente, lo que la gente de a pie está haciendo ahora.

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