Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
  • Actualizado 22:23

Escena 1.
“Transportistas bloquean para exigir al Gobierno que desbloquee el bloqueo”. Bolivia en una frase de titular. No es fake. El hecho sucedió esta semana en Santa Cruz, aunque en perspectiva, viene pasando desde hace décadas en todo el país. Bloquear es el deporte oficial del Plurinational State porque “mi derecho”, “así nos escuchan”, “medidas de presión para conseguir nuestras demandas”. Pero hoy no he venido a hablarles de nuestro deporte favorito, sino del segundo. No, no es el fútbol, tampoco es tomar ni menos bailarle a la Virgencita. Exacto, es hablar del dinero de los otros y para decirles en qué gastarlo.
Trascendió esta semana que Elon Musk compró Twitter y los mejores hijos del país hicieron lo suyo: cuestionar el origen de su fortuna y preguntar por qué no la destina en erradicar la pobreza, el hambre y pavimentar su camino al cielo de los políticamente correctos. Esta es una curiosa práctica que también aplica a los empresarios nacionales como Marcelo Claure o Samuel Doria Medina. Una vista rápida a los comentarios en sus tweets y/o posteos en Facebook, dan cuenta de esa terrible enfermedad que abunda en nuestro territorio. El “perrodelhortelanismus” se contagia fácilmente, en una conversación, en una sobremesa, en cualquier lugar donde el signo de $ aparezca. Los síntomas son fáciles de identificar. Cuestionas al empresario, sacas datos de su pasado, conviertes el monto en cuestión en datos entendibles para las bases: “con ese dinero se hubieran comprado 90 ambulancias, se hubieran construido 666 hospitales de 4ta generación, 100.000 personas hubieran ido a un concierto de Bad Bunny”. En fin. El paroxismo del paciente.
El tratamiento a este mal es bastante simple pero brusco a la vez. Es usar un término en inglés, que, aunque tiene una traducción al español, el espíritu prevalece en el idioma original. Dile fijamente a los ojos “mind your own business!”.

Escena 2.
Hablar de dinero es fácil cuando es de los demás. Pero si es propio, cambia la cosa. Sobre todo en las nuevas generaciones que buscan soluciones rápidas a través de “mentes millonarias”. Tal vez uno de los factores ausentes claves en la educación de hoy es precisamente, la educación financiera. Al respecto, Asoban hace un esfuerzo en levantar la campaña “Descubre lo fácil de las finanzas” desde el portal www.descubre.bo. Hoy por hoy, el colegio tiene la fuerte misión de entrenar a las nuevas generaciones en los principios económicos, en las matemáticas financieras y, sobre todo, en la inteligencia de negocios suficiente para considerar cómo enfrentar el mundo de hoy. Como para opinar en el mundo de hoy, como para decidir en la coyuntura y aprender a tomar decisiones asertivas basadas en el conocimiento, y no en el humo del primer viernes de cada mes. Así, por ejemplo, podrán saber por qué Twitter vale 44.000 MM USD y cómo Musk los va a pagar. Ahí, una fabulosa lección en tiempo real para leer a través de portales como bloomberg.com

Escena 3.
“Queremos ser un donut”. Kate Raworth recibe este pedido a diario. Empresarios, emprendedores y políticos la contactan para preguntarle cómo hacerlo. Esta británica de 48 años no es repostera ni menos nutricionista. Raworth es profesora en Oxford y hace unos años tuvo una visión: la economía del siglo XXI debería tener forma de donut.
En efecto, la Economía del Donut es la propuesta de Raworth, donde los procesos fluyen dentro de dos círculos.  El círculo interior habla de la Base Social: agua, alimentos, salud, energía, educación, vivienda, equidad social, entre otros. En el círculo exterior se colocan las variables del Techo Ecológico: cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica, etc.
Todo lo que sucede al medio es lo que la autora denomina una economía regenerativa y distributiva, un espacio seguro y justo para la humanidad. Al respecto, este modelo pone en perspectiva los vicios de los modelos actuales, fuertemente extractivistas, con alto impacto negativo en el medio ambiente y con consecuencias nefastas en la base de la pirámide. Bolivia tiene números rojos. Mercurio, minería ilegal, minería “legal” en parques protegidos, avasallamiento de tierras, contaminación atmosférica, importación de autos chatarra y una población vulnerable económicamente. Más allá de las insulsas pugnas de los modelos trasnochados entre la izquierda y la derecha, necesitamos propuestas, ideas, conceptos y puestas en acción de que hay una mejor forma de generar riqueza para todos, de poder crecer bajo un mejor concepto de progreso, más allá del edificio y del cemento.
¿Crees que es posible? Yo creo que sí.

PUNTO BO
Marcelo Durán V.
Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano
[email protected]

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