Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de octubre de 2021
  • Actualizado 16:04

Seguramente más de uno quedó sorprendido por el silencio abrupto y sepulcral del mandamás insustituible del Movimiento Al Socialismo, Evo Morales, quien disfruta del “dulce autodestierro”, en Argentina, protegido y arropado por el gobernante Alberto Fernández.

Inexplicablemente paralizó su empedernida manía por emitir mensajes insidiosos vía “twitter”, interviniendo cerrilmente en la política nacional desde su cómoda y exclusiva mansión que, además de vulnerar el Tratado sobre Asilo y Refugio Político de Montevideo de 1939, también ha evidenciado la displicencia de la diplomacia argentina; pues en más de una ocasión, ha soslayado cumplir lo estipulado en el artículo 11, de impedir que los refugiados realicen en su territorio “actos que pongan en peligro la paz pública del Estado del que proceden”.

Demostraciones de este accionar, constituye su participación virtual en la sesión de honor de la Asamblea Departamental de La Paz el 16 de julio; el reproche por el ascenso directo de militares por Decreto Supremo, críticas al gobierno por el cambio de fecha de elecciones, temas relativos a créditos del BID, pedido de víctimas de Senkata, persecución política, entre otros, evadiendo referirse a este escándalo que lo vincula sentimentalmente con una menor de edad.

Al parecer, se encuentra abstraído, perturbado, pero al mismo tiempo, maquinando alguna coartada convincente para desvirtuar el ruidoso delito de estupro, trata y tráfico por su idilio con “Noemí M. CH.”, casualmente descubierta el pasado 7 de julio en la localidad de Tiraque, donde fue hallada junto a dos acompañantes a bordo de un vehículo oficial de la Gobernación de Cochabamba, con placas adulteradas y en posesión de la familia “Meneses” desde el año 2018.

Para ello, haciendo uso de su influencia, habría posibilitado la fuga de Noemí y sus familiares a la Argentina, con ayuda de un militar, quien fuera su edecán y miembro de la guardia de seguridad presidencial. Recientemente, el pasado 21 de agosto, apareció una supuesta carta de Noemí enviada a la Defensoría del Pueblo, en la que denuncia maltrato y violencia policial a momento de la detención, persecución política, además de haber declarado bajo presión.

Noemí pretende lavar la imagen cada vez más alicaída del ahora prófugo de la justicia por delitos de terrorismo, recientemente genocidio, estupro, abuso sexual, trata y tráfico; buscando desvirtuar las evidencias reunidas, además de asegurar convenientemente, que su relación inició recién el 24 de mayo de 2020. Si bien asiente conocer a Morales desde el 2015, se esfuerza por indicar que, en ese entonces, ya tenía 16 años.

Cual jugada maestra de ajedrez, la divina providencia ha puesto en “Jaque Mate” al monarca insustituible del MAS, augurando un desenlace nada auspicioso y favorable, desde el punto de vista personal, político e incluso pone en serio riesgo su condición de refugiado.

En lo personal, sobre las fundadas sospechas develadas, emergen nuevas denuncias por violación contra al menos 9 menores; y que dan cuenta de la degradación, desviación anómala e infame de habituales prácticas pedofílicas en las que habría incurrido. Tales indicios, deterioran su imagen pública ante la sociedad.

En lo político, afecta notablemente las aspiraciones de su partido MAS. Recientemente, varios de los movimientos sociales afines al masismo, le han sugerido retirarse de la campaña electoral. Paradójicamente, estos grupos y otros sectores de izquierda de la región, solían presentarlo y considerarlo como la “reserva moral” de los pueblos.  

Por último, también arriesga su estatus de refugiado en la Argentina, pues la sociedad civil condena severamente el abuso infantil e indudablemente no tolerará el desmedido proteccionismo de su gobierno, hacia el huésped tóxico que causa problemas, desagrado y fastidio.

Al margen de la situación exacta en la que se encuentra en ese país, Bolivia, debe solicitar su extradición para que responda a esta nueva acusación penal que, bajo ninguna circunstancia, puede quedar en la impunidad y el olvido.


SAÚL MARCELO CHINCHE C.

Docente e investigador UMSS

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