Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de agosto de 2020
  • Actualizado 13:45

Traslado en tiempos de pandemia

Traslado en tiempos de pandemia

Soy uno de los cientos de bolivianos que hemos sido repatriados dentro de los últimos seis meses. Estaba desarrollando el programa Humphrey Fellowship en la Michigan State University, en la ciudad de East Lansing, a dos horas de Detroit, a más de 7.000 kilómetro y cinco aeropuertos de mi hogar, en Cochabamba.

Todo nació con el abrupto cierre de la universidad y fin del programa en marzo. Es ahí que comenzó uno de los momentos de incertidumbre más grandes que he tenido en mi vida. Mi suegra, que fue a visitarnos por unos meses, acabó quedándose casi seis meses. Es así que en marzo comenzamos nuestra cuarentena. Planificar una mudanza con tres niños ya es por sí retante, y hacerlo en las condiciones generadas por una pandemia, parecía como una pesadilla.

Sabía que en el momento que entrara al primer aeropuerto, la condición de mi familia y la mía cambiaría a ser personas de alto riesgo de transmisión del COVID-19. Es por tal motivo que tomé la decisión de posponer lo más posible el viaje, esperando a que las cosas mejoren. Para mi pesar, las cosas empeoraron, y la necesidad de volver se hacía mucho más apremiante.

Es así que el 18 de mayo confirmaron un vuelo de BoA, desde Miami hasta Santa Cruz, para cuatro días después. Lo primero que nos exigían era que consigamos una prueba de que no éramos portadores de COVID-19. Encontrar que nos hicieran la prueba fue toda una aventura digna de Indiana Jones, pero tener que hacerla para niños fue muy aprensivo y mortificante.

Es así que un 20 de mayo salimos por tierra rumbo a lo que sería el viaje y tal vez la situación más difícil y estresante que he vivido en toda mi vida. La incertidumbre era muy grande. Desde qué pasaría si cancelaran el vuelo, dónde haríamos la cuarentena, qué pasaría si nos quedamos trancados en alguno de los cinco aeropuertos y, sobre todo, cómo hacíamos para que tres personas mayores y tres niños logremos llegar sanos a nuestro destino.

Llegamos al aeropuerto de Detroit, uno de los más transitados de Estados Unidos, y no había absolutamente nadie. Ahí comencé a darme cuenta de que el mundo que conocía hasta ahora había cambiado y de forma radical. Es por eso que ahora, dos meses después de esta aventura, tomé la decisión de contar al mundo a través de mis ojos, especialmente sabiendo que al final yo y mi familia pertenecemos al grupo privilegiado de viajeros bolivianos que pudimos volver y que hicimos la cuarentena en un hotel.

 

#ACTUARENVEZDEHABLAR

MANUEL LAREDO
Emprendedor Social en Economía Circular
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Cel. 70798770 (WhatsApp)