Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 14 de abril de 2021
  • Actualizado 19:08

Sana sana si no sanas hoy...

Sana sana si no sanas hoy...

Bajo la crisis actual, la única certeza es que "el ser humano es igual a cualquier ser vivo de nuestro planeta”. La idea de que la humanidad nace en el momento que logra controlar la naturaleza, queda desechada y nos permite darnos cuenta que somos una especie más dentro del ecosistema.

La humanidad no está por encima o separada de la naturaleza. Dependemos de los recursos existentes en el planeta (oxígeno, agua, suelo, minerales, alimentos, animales) e interactuamos con otras especies y no estamos ajenos a la cadena alimenticia.

En estos momentos, es muy difícil hablar de sostenibilidad o de economía. Pero estamos siendo testigos de cómo en el periodo de cuarentena, el ecosistema en las ciudades se está regenerando.

Como comente en mis artículos anteriores, Cochabamba era un valle fértil donde mi papá nadaba en las aguas cristalinas del río Rocha. Sin la mano del hombre, esto ocurre de nuevo y vemos en redes sociales cómo nuestro río se está regenerando y las aguas comienzan a verse cristalinas de nuevo. Este no es un hecho aislado ya que también existe una mejora en la calidad de nuestro aire. El mundo se está regenerando. Una prueba de  eso es que en Santa Cruz los capibaras están invadiendo los hoyos de los campos de golf, antes ocupados por los exclusivos residentes de estos espacios.

Considero que la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno está cambiando hacia un modelo sostenible, donde el uso de los recursos necesita ser más eficiente y la base de la economía estará en la cooperación.

Pueden llamarme optimista o soñador, pero esto no es una premonición, sino un análisis de las extraordinarias muestras de colaboración que se está viendo en mi Bolivia.

Actualmente, existen grupos virtuales donde se está compartiendo conocimiento de forma colaborativa para la fabricación de ventiladores y soluciones tecnológicas para paliar el COVID-2019. También se están haciendo ollas comunes, donde los vecinos organizan para demostrarnos que donde come uno, pueden comer 100.

Un mundo donde los recursos no son ilimitados ha nacido y donde las tracciones económicas entre las personas y el medioambiente estén pensadas en una relación ganar-ganar. Una nueva economía colaborativa nos está mostrando que nuestro futuro es circular. Es por eso que, en este momento y a la distancia, valoro todas la acciones positivas que estamos desarrollando y que nos muestra que tanto el planeta como nosotros buscaremos maneras creativas de sanar mañana.

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