Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 26 de febrero de 2020
  • Actualizado 14:59

Chanchos invisibles

El anterior año participaba como invitado en el comité de la Red Latinoamericana de Economía Circular en Lima,  promovido por la Fundación EKA KLAS. Ahí conocí a Pipo Reiser, fundador de la empresa B  “SINBA”. Él nos contaba que en Lima, desde hace  muchos años, la basura orgánica generada por la floreciente industria culinaria, desaparece milagrosamente. Era tan milagrosa que los dueños de los restaurantes ni siquiera lo veían como un problema y muchos no sabían qué pasaba con este residuo. 

En Lima, casi el 50% de los chanchos que se comen en una ciudad de más de 10 millones de habitantes, son de productores informales. No tienen ningún control sanitario y se alimentan de estos desperdicios culinarios, solucionando un gran problema de residuos orgánicos.

Pero para muchos, esto no debería ser así, y además es totalmente inaceptable. Pero, mientras tanto, casi cinco millones de personas comen chanchos invisibles para la sociedad y el Estado. 

Para el equipo de Pipo, esta fue una oportunidad de desarrollar economía circular proveyendo de mejores oportunidades, tecnología y capacitación a estos productores informales, creando además alimentos con mejores controles sanitarios.

La “Economía Circular Natural”, que he presentado recientemente en mi investigación en la Universidad de Michigan State, es aquella que nace por una necesidad del mercado, sin ningún soporte del Gobierno  y que trabaja conectado a los sistemas informales con los formales. 

La ley 755 no contempla estos actores, que solamente en el tema de las llantas, genera una economía de más de 70 millones de bolivianos, además de trabajo para muchas familias y encargándose de casi el 15% del pasivo ambiental generado por este residuos. 

Los sistemas tradicionales de Gestión de Residuos Sólidos han sido diseñados para otros contextos, no el boliviano, y necesitan mucha inversión en tecnología, educación y infraestructura, la cual nuestros países no pueden pagar. 

Incluso así, la mayoría de los sistemas extranjeros son subsidiados y se basan en entregar la responsabilidad al generador de la polución.

Es por esto que, el querer implementar un modelo de gestión de residuos sólidos sin subvenciones, sin donaciones, sin incentivos y basado en experiencias extranjeras, no será posible. Incluso al intentar formalizarlo pone en riesgo a estas frágiles “Economías Circulares Naturales” (...).