Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 14:03

Pequeña crónica de un aprendizaje

Pequeña crónica de un aprendizaje

Estamos atrapados y subsumidos por la pandemia. Si esta realidad ha de interpretarse, al modo de Hume, como un cúmulo de sensaciones e ideas que, una y otra vez, pasan y se alejan del gran teatro del mundo: ¡qué poca cosa es el dolor humano! Su sinsentido sería como un analgésico falaz para el dolor humano,  y apenas el pensar es un placebo.

¿Cómo entender el mal global que se ha enseñoreado sobre la humanidad? El escarnio de morir se asoma en la soledad del hospital, en asepsia no solo microbiana sino también afectiva. Y cuando los servicios médicos colapsan: la muerte en compañía, victimados por la especulación, la inoperancia y la pobreza. En todo caso se patentiza el anhelo de respirar y de vivir, el anhelo de que cada muerte sea un “aún no”.

Pareciera unívoco el sentido semántico del verbo vivir, pero no es así. Este es un verbo que se esconde y se agazapa entre los demás verbos –como soñar, recordar y respirar–. Da saltos felinos y desaparece. 

La vida humana es ética y biológica a la vez. Pero también la vida es sentir nostalgia de Dios, de aquella plenitud que el verbo nombra. Compartimos con el virus la vida biológica en su modestia transparente y quizá también la vida del ethos. Pero hay una vida sin tiempo. A la cual aprehenderse con fuerza como para que cada alejamiento duela como un desgarro. 

Aprehenderse es abrazar y ser abrazado, porque desde que somos: Dios nos abraza con la ternura de una madre. Es vencer a la propia soberbia y a la suficiencia de sí mismo para sí mismo; de esta hybris que no es otra cosa que narcisismo y orfandad en el amor. Las relaciones de suficiencia ciega consigo mismo no son espirituales. Solo son espirituales las redes afectivas, allá donde se busquen, en el encuentro o en el camino a la misión. Siempre aprehendiendo y aprendiendo con furia, con desdén, con flojera, con pasión, con hambre de ser. Siempre aprehendiendo y aprendiendo de la vida con mayúscula. Aquí y ahora. Antes y después de este paréntesis misterioso entre el nacer y el morir.

A fin de cuentas la pandemia debiera enseñarnos, en la certidumbre de nuestra precariedad, a ser más humanos.

CONSTRUIR COMUNIDAD

LUIS PONCE DE LEÓN

Facultad de Teología San Pablo UCB

[email protected]

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