Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 04 de diciembre de 2022
  • Actualizado 21:23

Violencia machista

Violencia machista

Se necesita al menos dos políticas estructurales para combatir la violencia machista: 1) la reforma integral de la justicia para evitar la impunidad, y 2) una educación sexual con enfoque de género desde primaria, para prevenir masculinidades tóxicas y violentas. Hoy, en Bolivia, ninguno de los actores políticos está en condiciones de llevar adelante estas políticas, por las siguientes razones:

La equidad de género no es parte de la visión de país del MAS. La retórica sobre la despatriarcalización es una concesión del oficialismo a la cooperación internacional. Para los pachamamistas azules, el patriarcado es una lacra colonial de la cual están exentas las “inmaculadas” culturas originarias. En el MAS han tolerado y hasta protegido a alcaldes, concejales y asambleístas acusados de violencia machista, comenzando por el propio expresidente Evo Morales con serios indicios de acoso sexual. A esta desidia oficialista se añaden las posturas medievales que promueven la castración, la pena de muerte y hasta las ejecuciones públicas a violadores. Propuestas no solo retrógradas, sino también ineficaces, enarboladas por asambleístas y por movimientos sociales. El MAS no está interesado en la reforma de la justicia porque es su instrumento de persecución política.

CREEMOS es la expresión del más crudo fundamentalismo religioso que se opone a la equidad de género en su defensa de la familia patriarcal. Al igual que el ultra derechista Bolsonaro, Fernando Camacho postula un Ministerio de la Familia que no es otra cosa que una instancia para anular los avances en cuanto a derechos de mujeres y de diversidades sexuales. Los asambleístas de CREEMOS coinciden con los del MAS al pensar que penas más duras para violadores son el camino para combatir la violencia de un machismo que ellos legitiman.

Comunidad Ciudadana es el actor político con mejores condiciones para promover políticas públicas orientadas a una mayor equidad de género. Sin embargo, el estéril discurso antimasista de Carlos Mesa está condenando a este partido a la irrelevancia.

En ausencia de actores políticos que puedan luchar contra la violencia machista, la alternativa pasa por la organización y la movilización de la sociedad civil. Es el turno de las ciudadanas y ciudadanos.

UN POCO DE SAL

JULIO CÓRDOVA VILLAZÓN

Sociólogo

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