Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 26 de octubre de 2021
  • Actualizado 23:28

Rodeados por talibanes

Rodeados por talibanes

Los talibanes son solo la última expresión de una tendencia mundial: el auge de regímenes autoritarios arropados por fundamentalismos religiosos. Putin en Rusia, Orban en Hungría, Bennett en Israel, Trump en EEUU, Bolsonaro en Brasil, Uribe en Colombia, Áñez en Bolivia. Islamistas del wahabismo conservador, católicos integristas, evangélicos ultras, ortodoxos judíos. Son corrientes fundamentalistas dispuestas a legitimar políticas contrarias a los derechos humanos, a la equidad de género, al reconocimiento de minorías sexuales, al cuidado del medio ambiente. Como los talibanes, estos fundamentalistas no solo quieren detener el tiempo; quieren dar marcha atrás a la historia. Desean volver a la Edad Media: un solo rey, un solo Dios, una sola religión, una sola autoridad patriarcal en la familia.

Los fundamentalismos expresan el rechazo a los cambios que genera la modernidad capitalista en las sociedades tradicionales. Esta modernidad no solo significa democracia liberal, ampliación de derechos, autonomía personal. Está asociada también a mayor desigualdad social, exclusión política, disgregación de lazos comunitarios. Los “perdedores”, aquellos que no pueden subirse al carro del mercado, del consumo y del individualismo, buscan “sociedades de reemplazo”. Espacios que recreen las pautas tradicionales que están desapareciendo ante sus ojos. Estas “sociedades de compensación” son las expresiones fundamentalistas de la religión.

En un principio, los fundamentalistas asumen la postura de “minorías perseguidas”. Pero conforme van aumentando en número y en influencia, buscan imponer sus pautas tradicionales y autoritarias al resto de la sociedad. Están convencidos que tienen a Dios de su lado. Son poseedores de la verdad absoluta. ¿Por qué tendrían que tomar en cuenta la opinión del “otro”, del “diferente”?. ¿Qué valor puede tener la democracia, si ellos, los fundamentalistas, están luchando para instaurar el “orden de Dios” en la tierra?

Mientras el capitalismo genere desigualdad social y económica habrá fundamentalismo. Mientras haya fundamentalismo surgirán regímenes políticos autoritarios. Construir sociedades equitativas y diversas es el mejor antídoto contra las pulsiones fundamentalistas y retrógradas del presente.

UN POCO DE SAL

JULIO CÓRDOVA VILLAZÓN

Sociólogo

[email protected] 

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad