Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 17 de febrero de 2020
  • Actualizado 17:31

Plurinacionalidad y laicidad

Plurinacionalidad y laicidad

No son solo 11 años del Estado Plurinacional. El 22 de enero se celebra también el Estado Laico. Lo uno no puede ser posible sin lo otro. La inclusión de los pueblos indígenas –con sus propias formas de gobierno– se puede dar únicamente en una cultura democrática que valore la diversidad. Una cultura democrática pluralista es posible únicamente en un Estado Laico.

Cuando los actores políticos piensan que sus proyectos “son un mandato de Dios” (o del “Pueblo” elevado a categoría de divinidad). Cuando entienden que los mismos no pueden ser sometidos a la crítica ciudadana. Cuando estos actores creen que sus adversarios políticos son sus enemigos. Aún más, cuando están convencidos que son “enemigos de Dios”. Es decir, cuando no hay un Estado Laico, entonces no hay pluralismo, no hay democracia real, y tampoco puede haber Estado Plurinacional.

Por esta razón, el ingreso de Jeanine Áñez al Palacio Quemado el 12 de noviembre pasado, con la Biblia en alto, afirmando “Ahora sí, la Biblia vuelve a Palacio”, no solo fue un claro atentado contra el Estado Laico. Fue todo un programa político que, en nombre de “la república”, niega la diversidad, el pluralismo y, por tanto, el Estado Plurinacional. Al son de la Biblia y la tricolor, con la visión puesta en “un solo Dios y una sola bandera”, se lleva adelante un proyecto estatal y cultural uniformizador, que niega el derecho a existir del otro, del diferente, del “salvaje”.

Bolivia no es plenamente un Estado Plurinacional. Tampoco, en los hechos, es un Estado Laico. Tanto Evo como Áñez, perciben que sus gobiernos son una especie de “mandato divino”. Instrumentalizan la religión (cristiana y ancestral) para legitimar sus proyectos estatales. Para que los mismos sean incuestionables. Estigmatizan a sus oponentes no solo como enemigos a ser vencidos; sino, sobre todo, como “herejes a ser enviados a la hoguera”.

Hoy, más que nunca, necesitamos apostar por un auténtico Estado Laico. Un Estado en el cual ningún proyecto político sea revestido como divino, como la expresión de la voluntad de Dios que debe ser obedecida ciegamente por la población. Necesitamos consolidar una democracia deliberativa, plural y diversa. Es decir, necesitamos construir, de verdad, un Estado Plurinacional.