Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 09:38

Más de 100 violaciones sexuales a niños y niñas, y más de 50 infanticidios en lo que va del 2020. La mayoría en el periodo de cuarentena. Somos el segundo país en América Latina con las mayores tasas de violencia sexual. La misma es una pandemia más extendida y letal que el COVID-19. La trágica muerte de Esther de apenas 9 años, en El Alto, es una dolorosa muestra de este cáncer social.

Frente a la violencia sexual hay dos posturas básicas. Están los conservadores. Aquellos que pretenden que nada cambie porque disfrutan de privilegios en el estatus quo. Para ellos la violencia sexual es ejercida por “monstruos”. Por depravados “anormales”. ¿La solución?: castigos más fuertes. Castración química. Pena de muerte. Responden la violencia sexual con otra violencia: la institucional-judicial. Refuerzan una cultura violenta y punitiva. Cultura que está en la base de la misma violencia sexual. En la mayoría de los países donde se aplican estas “soluciones”, la violencia sexual no solo se mantiene; sino que tiende a aumentar.

Pero la respuesta conservadora no es la única. También está la alternativa basada en derechos humanos y en la equidad. Derechos humanos de la víctima y su familia sí; y también derechos del victimador. 

Según esta perspectiva, la violencia sexual no es ejercida principalmente por “monstruos depravados”, sino por hombres socializados en la masculinidad dominante. Aquella masculinidad promovida en las propias familias, en las escuelas, en los medios de comunicación. En ella se enseña a los hombres a ser siempre los que tienen éxito. Los que tienen el control. Cuando estos “mandatos” no se pueden cumplir surge la violencia (también la sexual), para demostrarse a sí mismos y a los demás que son “hombres potentes”. Por tanto, la respuesta no son “castigos más duros”. Se necesita deconstruir esta masculinidad hegemónica y violenta a través de una educación basada en la equidad de género, y un sistema judicial que no deje impune la violencia sexual.

Cuando entendamos esto, nuestras respuestas frente a hechos lamentables como la muerte de Esther estarán basadas más en la equidad y menos en la violencia y la ira. Podremos hacer frente a la pandemia del machismo en aras de una sociedad más equitativa y justa.

JULIO CÓRDOVA VILLAZÓN

Sociólogo 

[email protected]

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad