Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 24 de febrero de 2021
  • Actualizado 13:36

Sin planes ni certezas, de mal en peor

Sin planes ni certezas, de mal en peor

Los problemas suman y suman en Bolivia y el flamante gobierno Arce -Choquehuanca no da señales de tener al menos mínimo un plan de gobierno que dé certezas a los/as bolivianos sobre lo que debemos esperar de las autoridades a corto y mediano plazo. Hasta ahora lo único que repiten cansinamente es que la culpable de todo es Jeanine Áñez, quien en su corta estadía y sin recursos económicos  habría destruido los monumentales  logros conseguidos por el MAS en 14 años con un manantial de dólares producto de los circunstanciales altos precios de las materias primas y la floreciente industria del narcotráfico. Al respecto, me parece que, además de dar una importancia superlativa al gobierno de la Sra. Áñez, no pueden articular un plan de gobierno para enfrentar mínimamente los  problemas que son muy serios y requieren de manera urgente de respuestas bien pensadas como:

El problema de salud agravado por la pandemia que se va disparando de manera espantosa hasta colapsar nuevamente el débil Sistema de Salud. No se han renovado los contratos de la gente, que en la primera ola estuvo luchando con los escasos recursos que se les proporcionaba exponiendo su salud y la de su familia. Al contrario, las hordas de militantes acostumbrados a medrar del Estado, se permiten agredir a servidores de salud con la idea de ahora les toca a ellos, sin tomar en cuenta que se trata de un trabajo que exige mínimas habilidades, conocimientos y compromiso. Tampoco se han destinado mayores recursos para aumentar recursos humanos, dotar de instrumental y protección para los centros de salud y hospitales.

El desempleo, las/os bolivianos  al parecer solo tenemos como opciones ser dependientes del Estado, así sea con míseros salarios y bajo condiciones humillantes e indignas de servilismo político o la informalidad. El gobierno no muestra cuál es su plan de apoyo y fortalecimiento del aparato productivo que no pase a ser necesariamente estatal y la consecuencia la vemos todos los días en las batallas campales por candidaturas o pegas entre su militancia desesperada.

La impunidad y legitimación de la corrupción, no sabemos si por presiones o por convicción íntima han decidido que nadie de los señalados como autores de graves delitos de corrupción, apropiación de bienes del Estado, enriquecimiento ilícito, narcotráfico  y otros, sean procesados si son cercanos al poder político. Los mensajes son claros con las designaciones en cargos públicos en señal de desagravio a los/as investigados/as o procesados/as. Todo apunta de que sin un plan y voluntad de gobernar con firmeza y transparencia, en Bolivia vamos de mal en peor.

 

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada y directora de la OJM

julietamontañ[email protected]