Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
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Peligros sobre el valle cochabambino

Peligros sobre el valle cochabambino

Una multitudinaria movilización de personas pide la extensión del servicio eléctrico como primer paso para la legalización de construcciones por encima de la cota 2.750 del Parque Nacional Tunari, el pulmón más importante de Cochabamba. Todas dicen ser propietarias de los terrenos ubicados en la zona protegida; sin embargo, aun admitiendo la legalidad de los títulos que poseen, su derecho propietario se halla limitado por un interés superior que es el bien común, que nadie, por ser pobre o rico, tiene derecho a poner en peligro la vida de cientos de miles de personas que viven en las partes bajas de la ciudad y las provincias. 

Es conocido que muchas de estas movilizaciones responden, sobre todo, a intereses de mafias de loteadores, que en contubernio con nuevos ricos han visto en el negocio inmobiliario la mejor manera de lavar su dinero sucio, producto del contrabando, el narcotráfico y otras actividades ilícitas. Ejercen presión trasladando gente de condición humilde para que, al exponer su pobreza, sensibilicen a personas que de buena fe creen que esas demandas son legítimas, cuando en realidad se trata de gente que en su mayoría participa por una especie de jornal que les pagan para marchar y quedarse gritando consignas reivindicativas.

Casualmente estas acciones se agudizan en épocas electorales como la actual, en la que ninguna autoridad  quiere aparecer como insensible porque perjudicaría a su proyección  personal  y a la de su partido político; una estrategia que, sumada a la corrupción imperante, hasta ahora ha funcionado muy bien, independientemente de qué partido se halle en el poder, tanto así que vemos construcciones de lujo de los “pobres movilizados” que han superado la cota 2.750 sin que ninguna autoridad tenga la valentía y la fortaleza moral suficiente para ordenar el ingreso de topadoras y la destrucción de todo lo abusivamente construido.

Entre tanto perdure el populismo corrupto e inmediatista, de izquierda o derecha; no existan autoridades firmes, transparentes, dispuestas a frenar el avasallamiento de zonas protegidas y una sociedad consciente de los peligros que conlleva la actividad de unos cuantos traficantes de tierras, mimetizados entre gente que puede que tenga razón en demandar atención del Estado, los peligros sobre el valle cochabambino seguirán avanzando.