Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
  • Actualizado 19:31

Odio a muerte

Odio a muerte

Un sentimiento tóxico y letal como el odio que se desató en el gobierno del MAS contra Marco Antonio Aramayo hasta llevarlo a la muerte, solo se puede encontrar en personas que nacieron sin humanidad, sin capacidad de empatía con sus semejantes, sea porque la perdieron en el transcurso de su vida o fueron amamantados por hienas.

Durante los tres períodos presidenciales de Evo Morales, la población boliviana fue testigo y víctima de su odio enfermizo, mal que se fue extendiendo sistemáticamente en principio entre sus servidores más cercanos hasta infectar a toda la militancia de su partido, al punto que son tan pocos en los que sus anticuerpos éticos funcionaron y resistieron a la infección, que sobran los dedos de las manos para contarlos.

Resulta larga la lista de víctimas del odio inoculado al interior del masismo que tuvo un gran efecto paralizante en la sociedad, al extremo que son cada vez menos las voces que denuncian las violaciones a los Derechos Humanos y la corrupción; peor aún las que abiertamente se oponen a su política. Evo Morales dejó claro desde el inicio de su mandato que no permitirían oposición alguna que obstaculice sus ansias de perpetuación en el poder y despojo de los recursos del Estado. La primera víctima fue José María Bakovic con decenas de procesos penales instaurados en todo el país impulsados y sostenidos por fiscales y jueces venales hasta dar fin con la vida de ese ilustre ciudadano. El MAS no tuvo escrúpulo en sacrificar y asesinar en Porvenir (Pando) a la gente que era trasladada por el partido para enfrentar al prefecto Leopoldo Fernández que, como pocos gozaba del cariño y respeto de su pueblo, para después atribuirle la responsabilidad y procesarlo sin observar las reglas básicas del debido proceso. Lo querían muerto, no lo consiguieron, pero lo anularon políticamente y lo tienen privado de libertad en su propio domicilio. La otra víctima a la que quieren muerta es la expresidenta constitucional Jeanine Áñez, el odio que sienten colectivamente como partido les tiene insomnes. 

Desgraciadamente y para vergüenza de Bolivia, Marco Antonio Aramayo no resistió los siete años de vejámenes, torturas y más de doscientos procesos penales desparramados a lo largo y ancho del país; su delito: creer en la honestidad de la cúpula de su partido y poner en conocimiento del mismísimo presidente EMA lo que sucedía en el Fondo Indígena al que le vaciaron millones de dólares para colocar a cuentas privadas. La respuesta la tuvo y fue el odio a muerte de toda la estructura. Paz en su tumba.

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada, feminista, defensora de DDHH

julietamontañ[email protected]

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad