Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
  • Actualizado 20:06

Memoria corta o pragmatismo extremo

Memoria corta o pragmatismo extremo

El mes de octubre de 2019,  bolivianas y bolivianos de diversas edades, condiciones sociales y económicas, salieron a las calles a expresar el malestar que les causaba la pretensión de perpetuación en el poder de Evo Morales y su partido el MAS, que consideraba el voto como un poder general e indefinido no solo para gobernar y administrar el Estado, sino para disponer a su antojo del patrimonio de las/os bolivianos. Los gastos dispendiosos, las ostentaciones propias de jeques árabes o de nuevos ricos, sumados a denuncias permanentes de corrupción  impune y otros ilícitos lastimaron la sensibilidad de la ciudadanía  que salió indignada a protestar provocando pánico en el déspota, quien optó por renunciar a la presidencia y buscar refugio en brazos de sus amigos/as.

La tranquilidad con la que se esperaba enfrentar un nuevo proceso electoral con autoridades legalmente elegidas, fue empañada por la pandemia que asola al mundo, porque encontró a una Bolivia con un inexistente sistema de salud y una crónica pestilente infección de corrupción que debilitó la fortaleza que mostró la ciudadanía en sus jornadas de protesta.

Con miles de infectados y muertos por el COVID-19, el hostigamiento permanente de grupos vinculados a actividades delictivas que destruyeron carreteras con métodos terroristas  condenando al aislamiento a los  departamentos, a la muerte por falta de oxígeno, a enfermos en terapia intensiva y a ser sepultados en basura a los/as cochabambinos/as, el día 18 de octubre se realizó el acto electoral para Presidente, Vicepresidente, diputados y senadores. El comportamiento y la participación de la ciudadanía fueron ejemplares, pero resulta sorprendente  e incomprensible que la mayoría haya optado por la continuidad de todo aquello contra lo que luchó el año 2019. ¿Qué nos pasó a los/as bolivianos?,  ¿olvidamos tan pronto toda la corrupción, el  abuso de poder, los desfalcos, las violaciones a los derechos humanos y el costo en vidas para liberarnos de un tirano?, o el miedo a las amenazas de hordas enajenadas y sedientas de poder hicieron que terminemos por aceptar un proyecto pensado solo para beneficiar a grupos particulares y no al interés colectivo.

Pero, aunque duela, ante la realidad, como demócratas no queda sino respetar los resultados y esperar que los elegidos resuelvan inteligentemente los problemas que se avecinan,  pongan freno a las acciones violentas de sus seguidores, dejen que la justicia actúe y juzgue a todos los que en función de gobierno cometieron delitos y que reconozca el derecho a la disidencia y  garantice su ejercicio, en suma que respete los Derechos Humanos.

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada y directora de la OJM

julietamontañ[email protected]