Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 14:29

Lo consiguió

Lo consiguió

Si estaba en los planes de la señora María Galindo lastimar de la manera más feroz que el patriarcado suele hacerlo contra las mujeres, pues lo consiguió al referirse en los términos que lo ha hecho contra la Presidente del Estado.

No conozco a la Sra. Jeanine Áñez, sé sobre ella lo que informan los medios de comunicación; sin embargo, la respeto como a cualquier ser humano y  por nada más me solidarizo frente a un ataque cruel y degradante del que ha sido objeto, por ser mujer de origen pobre, pueblerina, haber logrado una profesión, incursionar en política  y no ser la señora “de”, como muchas bolivianas que, no obstante las condiciones económicas, sociales y culturales de nuestras familias, hicimos esfuerzos para superarnos.

Seguramente la suerte estuvo de nuestro lado y aprovechamos las pocas oportunidades que se nos presentaron sin dejar que el infortunio nos amargue la existencia y nos deje los gérmenes de resentimiento y odio contra quienes gozan de mejores condiciones. Es cierto, de niñas jugamos en la calle con barro, patapilas y greñudas. Usamos ropa heredada o regalada; inventamos nuestros juguetes con deshechos que encontrábamos en la basura, estudiamos en escuelas fiscales y esperábamos diciembre con la ilusión de que la parroquia del pueblo nos regale algún juguete, mejor si era una muñeca, así sea la más pequeñita. Qué lejos estábamos de imaginar que eso sería tan, tan malo, que de adultas serviría para que nos descalifiquen las que se consideran nacidas en cuna de oro, que tuvieron todo lo que se antojaron y  estudiaron en colegios exclusivos de las capitales. 

Pero, lo que me hizo retroceder en el tiempo y revivió heridas de cuya existencia no era consciente, fueron los apelativos usados  para referirse a la vida íntima  de la Sra. Añez. Me parecía estar escuchando a la gente maldiciente usando los mismos términos para atacar de frente o sembrando rumores contra  las adolescentes  pobres  del pueblo por ser alegres sonreír o reír  con facilidad, andar con amigos, gustar de bailar o vestir diferente; acciones propias de una sociedad patriarcal, prejuiciosa, hipócrita y con resabios coloniales. Si, derramé muchas lágrimas al constatar que pese al tiempo transcurrido y lo avanzado en materia de derechos para superar esas taras sociales, estas se mantienen e irónicamente las exponen sin tapujos personas cuyo disfraz no oculta su racismo ni sus prejuicios de clase y de género.

Lo consiguió, lastimó, pero debemos tomarlo como un desafío para continuar en la  lucha por una sociedad democrática y respetuosa, especialmente de todas las mujeres.