Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 14:44
Las amenazas de organizar milicias armadas como en Venezuela proferidas por el expresidente Evo Morales, aún cuando se hubiere retractado, rompen las reglas básicas del asilo y generan una situación por demás incómoda para el Gobierno argentino, no solo en su relación con Bolivia, sino también por las reacciones que genera en círculos opositores de ese país y su imagen a nivel internacional. La carta que juega Morales es muy peligrosa para su estadía en Argentina y su libertad, porque la pérdida de su condición de asilado, da la posibilidad de ser aprehendido por la policía internacional. Pero ¿se trata de uno más de los exabruptos de Evo Morales en su afán de protagonismo y deseo de mantenerse vigente en el país?, ¿es un acto intencional para perder su estatus de asilado, ser detenido por la Interpol, trasladado al país, exhibirse como víctima y convulsionar una vez más a la sociedad manipulando los  sentimientos más bajos de sus bases?; ¿es una señal desesperada de posible retorno a los poderes fácticos que durante estos años tuvieron control sobre los mercados de la coca y sus derivados y actuaron con total impunidad, reduciendo el rol del Gobierno al de simple guardián de ese mercado, evitando la incursión de la competencia? O son todas a la vez. Estas dudas se basan en la coincidencia entre la oportunidad en la que fueron lanzadas las amenazas y los duros golpes infligidos por el Gobierno de Jeanine Áñez contra el narcotráfico, que en muy poco tiempo logró decomisar en Eterazama 32 toneladas de precursores, cientos de kilos de clorhidrato de cocaína con destino a Brasil, Bélgica y otros países, detener a una persona cercana al masismo pretendiendo llevar a la Argentina  100.000 dólares en efectivo, sin declarar legalmente. No debe ser poca la preocupación e ira de los que se beneficiaron con la designación como Zar Antidrogas a una persona con intereses en el sector después de echar del país a la DEA, pretextando defensa de la soberanía; con la construcción de un aeropuerto internacional con millonaria inversión, en tiempo récord y dudosa utilidad para el desarrollo integral del país; la instalación de una planta de fabricación de urea en Bulo Bulo, producto del que se puede extraer amoniaco líquido, importante recurso para la cristalización de la cocaína, tal como señala la Oficina de Naciones Unidas para el Control de Drogas, que desde el año 2012 tiene identificada como sustancia controlada. Está en manos de la militancia masista responder a estas dudas que ya traspasan las fronteras de Bolivia y enlodan la  dignidad de las/os que aún la tienen.