Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 30 de noviembre de 2021
  • Actualizado 23:52

Dónde están los límites

Dónde están los límites

Un año de Luis Arce Catacora en la presidencia de Bolivia y si alguien abrigaba la esperanza de que su gestión,  aún siendo él del partido que gobernó durante 14 años, sería diferente en cuanto a la comprensión de temas como las dificultades para la recuperación económica, la falta de empleo, el empobrecimiento de grandes grupos de la población, el crecimiento exponencial de la inseguridad ciudadana por la acción cada vez más temeraria de la delincuencia, los obstáculos para la normalización de clases en escuelas y universidades, entre otros, seguramente se siente frustrado porque rápidamente esas expectativas se fueron diluyendo. El Presidente, su equipo y su partido no pueden o no quieren asumir la conducción del país como corresponde; han limitado su horizonte de realización a la venganza, al odio y a convencer al mundo que Evo Morales no huyó del país al ser descubierto el fraude electoral, sino que fue víctima de un golpe de Estado que,  para colmo de los colmos, encabezado por una mujer nada menos que “camba”. 

Tan enfrascados están en lo que para ellos resulta una cruzada sagrada, que el mundo crea su relato de golpe no fraude, que abandonaron todo lo que tiene que ver con políticas públicas y administración del Estado; subrepticiamente aprueban leyes y decretos a todas luces contrarios a la Constitución Política del Estado, que una vez en conocimiento público generan tal malestar social que pone en riesgo su permanencia en la presidencia, ante lo cual no les queda otro remedio que retroceder, aunque en el ínterin ya desgastaron la imagen del gobierno y  afectaron a la economía del país.

La desesperación por aparentar un sostén social que cada vez es más pobre,  induce al presidente Arce a mendigar el apoyo de dirigentes campesinos venales, ofreciéndoles dádivas con vehículos decomisados por la Aduana “toyotitas chiquitos, porque los Hilux ya no quedan, fueron entregados a otros compañeros” o a contratar grupos de choque leales, para que escoltados por la Policía arremetan contra descontentos/as que protestan, marchan y bloquean.

Para pena y vergüenza de los/as bolivianos, con mucha frecuencia se señala a altas autoridades como autores, cómplices o encubridores de graves delitos contra la vida, la integridad, la propiedad, la libertad sexual y otros, sin que el Ministerio Público se moleste en investigar para confirmar o desvirtuar las acusaciones. Omisión en el imaginario social quedan como verdad, aún cuando no sean y consolidada la idea de impunidad con el consiguiente efecto imitación. 

Nos preguntamos ¿dónde están los límites de la incapacidad, el desgobierno y la desvergüenza?

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada, feminista, defensora de DD.HH

julietamontañ[email protected]

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