Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 03:06

Desprendimiento y coordinación

Desprendimiento y coordinación
En un momento en la que las cifras de contagio se disparan en el país es cuanto más necesitamos las y los ciudadanas/os y las autoridades  tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos con nosotros/as, nuestras familias y la sociedad en la que interactuamos con  personas que tienen muchísimas menos posibilidades de sobrellevar la enfermedad en caso de presentarse o de subsistir en su casa mientras guarda la cuarentena.
Es tiempo de desprendimiento de cualquier sentimiento egoísta que nos conduce a romper las reglas impuestas por unas autoridades con las que no tenemos afinidad política, religiosa, económica o cultural alguna; tenemos que comprender que no solo se trata de expresar solidaridad con compatriotas que se hallan detenidos en las fronteras para que no ingresen sin pasar por los controles de salud establecidos de acuerdo a las posibilidades reales del país, como tampoco es momento de buscar figurar como defensores/as de derechos humanos para defender a quienes desde el anonimato de las redes sociales buscan sembrar mayor odio, resentimiento y desorientación en la población, cuando mantuvimos un silencio cómplice vergonzoso durante 14 años frente a brutales violaciones a los derechos humanos como las ejecuciones sumarias, la tortura y la persecución a familias enteras con el vil afán de despojarles de su riqueza para beneficio de una cúpula corrupta; la represión a indígenas, personas con discapacidad, enfermos/as con cáncer y otros;  el control e los medios de comunicación y el cercenamiento de la libertad de expresión. Hoy lo que se requiere es coordinar desde los niveles inferiores hasta los más altos de la administración pública.
Necesitamos reconocer que nuestras limitaciones de país con un desarrollo inferior a la media de América Latina deben servir para impulsar nuestra creatividad pensando en el bien común, antes que en el afán de sacar beneficios inmediatos que en las circunstancias actuales pueden ser tan efímeros que ni tiempo para disfrutarlos  nos pueden permitir.
Algunas personas e instituciones como la SIB nos están mostrando sus esfuerzos por aportar con un granito de arena; puede que sus propuestas no sean la panacea para resolver los problemas provocados por la pandemia, pero al menos son señales de solidaridad intelectual que no podemos sino aplaudir y pedir a las autoridades que dentro de sus múltiples ocupaciones les dediquen el tiempo para recibir sus propuestas y, en caso de considerarlas factibles, ponerlas a la práctica porque en la situación que nos toca vivir, todo aporte debe ser bien recibido.
Desprendimiento, humildad, generosidad y coordinación es lo que necesitamos aquí y ahora.