Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 21 de enero de 2022
  • Actualizado 04:15

DDHH como compromiso de vida

DDHH como compromiso de vida

Amparo Carvajal ha sido reconocida Personaje del Año por su larga trayectoria de compromiso con la causa de los Derechos Humanos y como desagravio por las constantes agresiones que recibe del gobierno y su partido el MAS, los que en su lógica maniquea del amigo-enemigo son incapaces de entender que la lucha por la dignidad humana no puede de manera alguna ser condescendiente con el poder del Estado, más cuando este se esmera en mostrarse intolerante con puntos de vista opuestos a los suyos.

A diferencia de Amparo Carvajal, muchos de los que hoy detentan cargos de ministros, viceministros, embajadores, cónsules y otros, usaron la bandera de los Derechos Humanos como escalera para ir trepando al poder y a la llegada del Movimiento Al Socialismo a la presidencia arriaron la bandera de DDHH para, sin pudor alguno, abrazar la del oficialismo y convertirse en devotos incondicionales del jefe del partido y su público presto a aplaudir cuanto acto negatorio de Derechos Humanos se comete desde el gobierno; obsecuencia que no es gratuita, es muy bien pagada gracias a ella aseguran una vida cómoda de nuevos ricos/as. Tan rentable les resulta el negocio que hoy es el gran incentivo para que impostores/as se empeñen en defenestrar de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia a las y los verdaderos defensores de Derechos Humanos.

En momentos de incertidumbre social, política, económica y cultural como los que se vive en Bolivia y el resto de la región, el Estado tiene la obligación de garantizar la existencia de organizaciones independientes de Defensa de Derechos Humanos por su rol de consciencia crítica y freno a tentaciones del autoritarismo y abuso de poder que cumplen. 

Al iniciar este año 2022, el gobierno boliviano debe reencausar su accionar y dejar de lado la insidia, el odio y el uso de la justicia como arma de persecución política; es imprescindible que abandone su postura de intolerancia y ostentación de poder para avanzar por el camino de la unidad y el diálogo entre diferentes. Necesita concentrar sus esfuerzos en la solución de los problemas que tanto dolor y malestar social provocan como la inseguridad, la pobreza, la corrupción, la impunidad y el despilfarro de los ingresos producto de la enajenación de nuestros recursos naturales. 

Ya es tiempo que el Presidente ejerza su cargo en serio y empiece a respetar a las personas que tienen como opción de vida la defensa de los DD.HH así como a las instituciones a las que representan; si bien resultan incómodas a su gobierno, son necesarias para la población y el sistema democrático.

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada, feminista, defensora de DDHH

julietamontañ[email protected]

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